Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 26 de abril de 2015

Barriletes (La foto, Diario Tiempo Argentino: 26 de abril de 2015)

Alquiló dos mesas, una silla para descansar y una canasta para bien cuidar los rollos de hilo. Mañana es 1° de noviembre. Ella vende barriletes. En otras tierras los llaman pandorgas o papalotes. Vende muy barato para que todos puedan tener el suyo, para que todos puedan recibir a los muertos que aún viven en el inframundo. En el alba del 1° su dios abre la puerta durante un día para que las almas visiten sus casas. La familia amanece con el sol y esparce flores de muerto en el umbral y ramos en las ventanas. Hay velas, frutas y legumbres frescas, un vaso de agua y una botella de aguardiente. Que ellos sepan: no fueron olvidados. Lo sabían sus antepasados, lo sabe la vendedora. Malos espíritus hubo en todas las épocas. La gente comenzó a colocar cintas de papel, que en contacto con el viento, producen un sonido molesto para los malignos. Ellos pueden atentar contra las cosechas, causar enfermedades, matar. Esas defensas en papel y viento derivaron en la forma mágica del barrilete: defensa y puente. Se terminan de armar en el camposanto y son izados a las cuatro de la mañana del 1°. Vuelan hasta las cuatro de la tarde. A la madrugada del día siguiente la gente vuelve al cementerio con velas, para que sus muertos encuentren el camino de regreso. Los niños rompen los barriletes que volaron, y se elevan los que quedaron en tierra. Con ellos y la ayuda de los ancianos, los espíritus jóvenes suben al cielo. Luego del vuelo, los barriletes son quemados en el cementerio, para que el humo sea la guía de algún espíritu vagabundo rezagado. Hay un barrilete que no sirve. Ella no lo sabe.

domingo, 5 de abril de 2015

Banderas (La foto, Tiempo Argentino: 05 de abril de 2015)

Distintas maneras de llevar la misma bandera. Distintos los vientos que mueven los pliegues de todas las banderas y todas las patrias: la apariencia es una. El grito mueve el viento, luego el pliegue y la patria. En mi memoria guardo una primera bandera: la de los trabajadores que en marzo del 82 fueron a gritar contra el dictador Galtieri. Llegaron hasta Plaza de Mayo con banderas de la patria. Los recibieron a puro palo, escudos y gases lacrimógenos. Vi desbandarse la bandera por Callao y Corrientes. Días después vi a mucha gente volver a la plaza. Banderas al viento por las calles de Buenos Aires. Los gritos eran vivas para el General que ayer nomás fueron a insultar. Algo había cambiado, el General había metido mano a la bandera y con ella a la patria. La gesta de Malvinas. Gesta de gestación malsana, porque a los pocos meses, la patria parió muertos pibes, muchachos con diez sesiones de polígono fueron a la guerra. Pude ser uno de ellos. La bandera, la patria y el viento que soplaba desde la Rosada ganaba tiempo, vida para sustentar el engendro político/económico de la dictadura. Luego de la derrota frente al imperio, los que gritaban para elevar la bandera y la patria de la gesta, maquillaron la cara de los pibes muertos y les dieron apariencia de héroes. Aquella bandera y su patria, la de los que pateaban la puerta de los ciudadanos, asesinaba jóvenes: los mandaba a la muerte, como en el sur de la gesta. Hubo luego banderas otras de violencias sutiles. Hoy contemplo la bandera y la patria desde la memoria. La adivino otra, la descubro en la esperanza de mi hermano.