Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

sábado, 6 de julio de 2013

Una historia para Julia (XLIII)


Levantás la vista y te reís. Estamos lejos. Vos pegada a la mesada de la cocina, yo cerca de la mesa del comedor. Un trecho largo para tu destreza recién adquirida. Me mirás. ¿Pensarás en las posibilidades de éxito? Me agacho y te estiro los brazos: dale, vení con papá. Te reís. Das un paso y frenás. Soltás gritito de alegría y te largás. Levantás tus dos bracitos hasta la altura de tus hombros y venís, venís. Pasos cortos y balanceo. Avanzás cada vez con mayor seguridad. Manos en el aire. Te acercás. Estiro mis brazos. Llegás hasta papá y nos hacemos abrazo. En tu travesía la ubicación de tus brazos me hicieron recordar a la criatura del doctor Frankenstein, o mejor, a la criatura compuesta por el gran Boris Karloff para aquella vieja película. Me reí de la asociación y dejé que la maravillosa criatura me tomara del cuello.