Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

viernes, 22 de marzo de 2013

Una historia para Julia (XXXV)

En la historia anterior anoté: San Cristóbal, Boedo, Buenos Aires. ¿Sabés por qué, Julia? Para empezar a dibujar otro tiempo. Porque dentro de unos días nos vamos a vivir a Gualeguay, Entre Ríos. A Buenos Aires vamos a llegar de visita. ¿Por qué nos vamos?, te cuento. Mamá Evangelina y yo venimos hablando de cambiar de paisaje desde que naciste. Queremos una mejor calidad de vida para vos, para los tres. Queremos salir de la velocidad de Buenos Aires, una velocidad molesta que nos envuelve, pero de la que, por convicción, nunca participamos. Nos vamos porque buscamos tiempo y tranquilidad. No queremos que el “ganar guita” se convierta en un deporte cotidiano que nos robe el tiempo de los días. La guita es una herramienta necesaria en esta sociedad, pero si no la ponés en caja, puede hacerse trampera que te mande a bodega la vida. Buenos Aires desde hace años que es bicho que te acorrala. Es una ciudad cara y dura en demasiados aspectos. Por eso le decimos Chau mientras nos llevamos los buenos recuerdos. Ciudad origen, ciudad crecimiento, ciudad de amigos, ciudad de sueños. Dejamos los límites del departamento de la amiga María Teresa, para llegar a una casa con otro aire. Tu nuevo lugar va a tener pista para gateos y primeras caminatas, vas a tener árboles en el fondo, y vas a dormir en tu habitación. Julia, vas a saber de esas mesas grandes que juntan amigos y familia. Gualeguay es la ciudad, el barrio, de donde viene mamá Evangelina. Hacia ese origen nos vamos con la memoria.

martes, 19 de marzo de 2013

Una historia para Julia (XXXIV)


Desde fines de enero que no me sentaba a escribirte. Pasaban los días y yo me repetía: voy a escribir sobre el cambio. Porque hasta hace un tiempito, cada vez que algo te llamaba la atención y estaba a tu alcance, tu manito avanzaba decidida al contacto. Cinco deditos cinco en pos de objetos de toda clase, cinco deditos cinco para desplegar tu curiosidad. Silvia, tu pediatra, ya nos había avisado, el avance de la manito en sintonía de orquesta va a ir desapareciendo para dejar lugar a los arabescos de un solo de dedo índice. Y así fue. Ahora avanza el bollito de violines dormidos, y en ristre el dedito de hurgar, de rascar o de acariciar botones de juguetes que tienen música, dedito de desgranar galletitas. Buscás capturar anteojos, investigar orejas y narices, hacer centro en la boca de la mona Jacinta o en los ojos del oso “teneme el oso”. Tu dedo índice funciona como el brazo de una sonda espacial que acaba de llegar a un planeta nuevo, y es así, es todo tan nuevo que no hay día que no estés fundando barrios y miradas. Mamá Evangelina y yo, en estos momentos en San Cristóbal, en Boedo, en Buenos Aires, somos los testigos agradecidos.