Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

viernes, 19 de marzo de 2010

Botella




El hombre bajó la vista. Su mirada llegó a destino.
Abajo se comprendió la señal, la complicidad, la autorización. Desde abajo, y sólo desde abajo, se percibió la sonrisa leve del hombre.
La puerta de la heladera empezó a descubrir su tesoro con suma lentitud.
Llegó el turno de la botella elegida, fue separada del grupo; primero pareció querer ir rápido hacia el piso, pero fue amague, las manos se repusieron a tiempo de la salvaje presencia de la felicidad y la sostuvieron en el aire del paisaje.

Carlos Salatino era testigo, en una mañana de marzo de 2010, de cómo, en un determinado momento de la vida, la felicidad se encuentra en una botella de gaseosa. Se la podía encontrar abriendo uno mismo la heladera, como el pibito que él observaba, o recibiendo la botella por sobre el mostrador. Su felicidad había sido esperar la botella de pomelo Neuss de manos del almacenero. El almacén estaba al lado de una casa grande con parque, ubicada en la zona de piletas conocida como La Salada. Ya no recuerda la razón por la que sus padres eran invitados a esa casa. Pero sigue caminando, de memoria: con las monedas en la mano, sólo hacía falta avanzar un puñado de metros, luego pasar entre las cintas plásticas de colores de la cortina de la puerta y, por último, encontrar la felicidad en un litro de tiempo amarillo. Carlos opina que la felicidad es un arte efímero y que la sed es eterna.

jueves, 18 de marzo de 2010

Invasores




El vengador anónimo raspó un par de cabezas rojas (maderitas flacas entre los dedos) sobre la tira marrón del costado de la caja.
Otra vez hubo visitante en la mañana.
Operativo comando: rociado rápido de líquido inflamable, fósforos Fragata a discreción.
La semana anterior quemó el colchón más grande; ahora la muerte era para su reemplazo.
Dos veces escupió fuego desde su cielo y dos veces desapareció aprovechando la ausencia de los habitantes de la vereda.

David Vincenzo, que vive a dos veredas de la zona agredida, cuenta que él fue testigo de los dos ataques. Cuenta que el incendiario era un tipo como ellos: Uno de la calle, afirma. A David le gusta mostrar a los curiosos las marcas que dejaron los colchones cuando ardieron sobre la vereda. Cuenta que así desaparecieron los invasores de la cuadra: Porque ellos dormían todo el día. El rastro del desalojo aún da su presente en el barrio de San Cristóbal, Avenida Jujuy entre Independencia y Estados Unidos. Los fuegos se dieron a finales de febrero de 2010.