Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 22 de junio de 2014

Muerte súbita (La foto, Diario Tiempo Argentino: 22 de junio 2014)



Neruda eligió mirar el océano, junto a su compañera, desde la tumba. Estuve en la casa de Isla Negra, frente al Pacífico. John Houston en su última película “Desde ahora y para siempre”, basada en el cuento “Los muertos” de James Joyce, enfoca la mirada hacia el amor: sobre algunas tumbas la nieve cae desconsolada. Nieva sobre Dublín. Cuando supe que yo quería una tumba con forma de pirámide, deseché la posibilidad del sol rabioso, lo odio, y en cambio imaginé la eternidad rodeado de aire frío y arropado con nieve. Alejada de la casa, en el parque, construí yo mismo la pirámide. San Martín de los Andes sería mi cementerio. Mi mujer se rió. Me miró con lástima. Llegado el momento solo le pedía silencio y discreción. En la comunidad siempre fui una sombra. Nadie notaría mi ausencia. Todo quedó dispuesto para mi muerte. Pero la historia al parecer no fue autorizada por el destino. Morí de forma repentina, casi súbita. Tuve que dejar mi vida, mis quehaceres en el escritorio silencioso, dejé de escribir allá en el sur. Ella me dijo que no me aguantaba más. Andate, morí rápido. Tuve que dejar la casa y mi futura tumba. Planteé enigmas en sus medidas que a nadie importan, hice mis cuentas como los egipcios, y tampoco se cumplirán mis pintadas proféticas: soy la prueba del fracaso. Cuando nieva me hago una escapada y le tomo una foto. En la última, ella y su nuevo faraón intentan retirarle la nieve. Lo hace con cada nevada para que no tenga ni siquiera la posibilidad de imaginar el sueño cumplido. Ella sabe que vuelvo del más allá. Al final, cuando nieva muero entre los árboles.