Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Nudos de hierro de Gabriel Montergous, mi amigo y maestro (Libro recordado, Tiempo Argentino 10/11/2013)

Los libros se quedan a vivir nuestras vidas por diversas razones. Por los personajes, no olvido a Francisco, a Bárbara, a Ennio Costello; y conmigo se quedó la casa de provincia que no paraba de achicarse por obra de los despreciables Caranchi. No me abandona la opresión vivida al ser testigo de cómo los patios y los lugares desaparecían: esa casa respiraba en la condena, porque su autor la había amanecido como ser vivo. Guardo en la biblioteca mi ejemplar firmado por Montergous. Lo coloqué algunas veces sobre la mesa del Tuñín de Rivadavia y Medrano, donde con Gabriel nos dedicábamos a la charla sobre la escritura. Fuimos amigos. Fue mi maestro, no de comas, sino de ética y oficio. Seguimos en contacto a pesar de su muerte. En los primeros días siguió sentado a la mesa del café, después viajó a las sierras, pero no dejó de ser compañía, y de leer mis escritos. Dentro de cada libro, hay un hombre: el autor, dijo Saramago. Es cierto: hay un hombre y su magia en la historia de este libro.