Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Autopsia (La foto, Diario Tiempo Argentino: 21 de diciembre de 2014)

Estos jinetes abandonan la monta. Juran compromiso, cercanías éticas, pero después dejan el caballo o la yegua al costado del cemento. Alunizados y alucinados en su esencia, cuatro jinetes apocalípticos buscan el centro del universo para afirmar su filosofía de pestes y palos. Tan lejos en la memoria, en aquella odisea que soñaba el 2001, el mono exhibe el hueso, su sexo. Los jinetes detectan un invasor. Lo sospechan. No hace falta comprobar si lleva su dedo meñique duro. La sangre completa su músculo y se cierran los cascos. Ninguna gorra es buena, amiga el pensamiento con su ausencia. No hay plato volador a la vista, tampoco nave cigarro, pero sí están los invasores por todos lados. Y está ese invasor con cara de susto y remera a listones horizontales azules y blancos. Viene de otro cielo, adivinan urgentes los jinetes. Entonces lo rodean, como si cada uno de ellos fuera uno de los apoyos de la nave que cuentan en la Biblia vio Ezequiel, porque invasores hubo en todas las épocas. El invasor pareció reconocer el dibujo espacial y bajó la guardia, puso cara de: No, muchachos, si yo también soy de acá. Pero el hueso devenido en falo lustroso con mango invitó certero. Llegaron después los otros al banquete y le dieron al et como en bolsa. Acostaron el alien sobre uno de los escudos protectores. Quedó sobre una mesa de autopsias provisoria. Alguien acarició su cabeza. En esa despedida supo de una poesía de Marcos Silber, que también es de acá e imagina el frío de la injusticia: “Hurga acerito / del altillo al subsuelo; / su filo desciende / penetra en la gladiadora cuerpería”.