Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 31 de mayo de 2015

Brisa blanca (La foto, Diario Tiempo Argentino: 31 de mayo de 2015)

Ayer pensaba, con la vista puesta en el jardín del fondo, en la llegada del frío. Mi casa supo estar dentro de una tempestad en una de esas noches en que la luz ciertamente habita en los cielos. Rayos y truenos. En los recortes caprichosos del flasheado, el paisaje en la zona de chacras se desdibuja. Árboles que parecen olas, luces débiles sugieren botes pobres de condenados pescadores del Gualeguay. Anoto el nombre de mi ciudad y pienso en Las Tierras Blancas del maestro Manauta, donde todo se transforma salvo la miseria. Mi casa también estuvo dentro de una niebla fantasma. Era verano, y recién cerca de las ocho de la mañana, los fantasmas que tiraban del mundo etéreo comenzaron a izar el barrilete de las almas. Sucede: a Gualeguay también la habitan sus muertos, los espíritus que se quisieron quedar en ella en lugar de derivar hacia los confines de la naturaleza. Imagino entonces que con la llegada del frío, mi casa, donde se refugia el testigo, quedará rodeada, en poco tiempo, de una brisa blanca, esas brisas que trabajan toda la noche para dejar crocante el pasto y quebradizo el charquito de juguete. A Julia, mi hija, le hago tostadas y le digo que es pan con ruido. Estoy ansioso porque conozca el pasto y el agua con ruido de galletita. Manos chiquitas descubriendo mundos sonoros. Imagino que el jacarandá y el espinillo serán destino de pequeños silbidos de escarcha. Silbidos helados avisando en la estación que los días grises han llegado. La letanía que llega desde el universo de las ranas de la arboleda cercana, sabrá entender el silbido. Estoy ansioso por volver a pisar pasto escarchado como cuando caminaba a orillas del ferrocarril Urquiza, en Martín Coronado, rumbo a la escuela. Todavía llevo al pibe riendo: recuerda el frío pegado al caminito de durmientes. Madera fuerte bajo un manto de alquitrán. Cobertura negra y sobre la repostería, la pátina transparente, silenciosa, de la escarcha. Una brisa blanca llega desde lejos, es la de ayer y es la de mañana.