Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Cruzado (La foto, Diario Tiempo Argentino: 23 de noviembre de 2014)


Cruzado
Me enseñaron que el mundo era rectangular, y era cruzado. Sucedió en los tiempos en que me inauguré como sala de exposición, como siervo del señor. Lo acepté porque el señor es de temer: habla de amor, pero procede con el fuego y la venganza. No le faltes al señor, es decir, a sus empleados. Ellos me enseñaron a acariciar los límites del rectángulo, a colocar mis ojos en cruz. Ay, la cruz, una vez escuché al poeta Polycrates: Llevar una cruz al cuello es como colgarse una picana. Hoy es la electricidad, antes fue la cruz, también el fuego, y el metal de los instrumentos necesarios para ejecutar el tormento que aseguraba que el mundo siguiera siendo tan rectangular, y tan cruzado. El cuadro, el simulacro de libro que cuelga de mi cabeza, o mejor, que es mi cabeza, lleva una cruz al frente, arte y disimulo, alguien dijo en voz baja. La misma cruz del frente, se repite en la contracara. Él murió por nosotros, también me enseñaron ellos. Otra tragedia, me dije, en este mundo que se mantiene en el tiempo. Rectangular, o casi cuadrado, más o menos así era el mundo sobre el que se movieron los primeros navegantes. Animales, bestias, hombres sin alma, sin la más mínima idea sobre cómo era el mundo. Llegaron ellos junto a la cruz que reza en la empuñadura de la espada, junto a los templos, y contaron la historia, y de alguna manera, los que escribieron simulacros como el que llevo en mi cabeza, borraron los límites en los mapas y el mundo progresivamente fue dejando de ser rectangular y cruzado. Ahí el engaño: ellos siguen enseñando un mundo diferente al que aparece en los mapas.