Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Una historia para Julia (VI)

Foto: Eduardo Noriega
A las once de la noche del viernes 27 de abril hizo agua el mar donde vivías y como río inició el desborde piernas abajo de mamá Evangelina. Ella se aferró a un almohadón mientras permanecía parada, flotando, al lado de la cama. Reía, dijo: No sé qué hacer. Tu abuela Olga se asomó al dormitorio: ella también reía. A la medianoche mamá, Irma, la partera, y yo, estábamos ocupando las mejores ubicaciones en la sala de parto. De manera lenta comenzaron los aprontes. Que gotitas mágicas en el suero, que preguntas sobre cómo iba a ser: es decir, volvimos a hacer las preguntas de siempre. Que caricias en el pelo, que nos mirábamos mucho con Evangelina. Es increíble cómo sucede la vida, Julia, porque ella transcurre, parece que sube o que baja: ella la que alumbra. La vida empujada por el viento o siendo el mismísimo viento, y entonces todo, absolutamente todo termina llegando, sucediendo, y uno ahí: de pura vida y pura sorpresa. Pensé en que todo llega cuando me vi en el vestuario de la clínica: con ropa de enfermero, con un gorro blanco en la cabeza. Tanto pensar en ese momento y el momento ya era, ahí estaba, presente mi imagen en el espejo. Mamá se portó de maravillas, hizo caso a la partera, hizo chistes, se reía de papá, estaba feliz. Hubo diez minutos en que mamá sintió dolores, un rato de susto, pero todo estaba controlado, seis personas sabían qué hacer mientras te esperábamos. Tres veces pujó mamá, tres veces te llamó, y vos que empezaste a habitar la luz del primer instante, la luz de los días en este barrio. Vi cómo te deslizabas camino hacia nuestra vereda, vi cómo hacías esquina sobre el pecho de mamá Evangelina. Te limpiaron, venías de la mar misterio, ya te dije. Las agujas del reloj marcaban las dos cincuenta y dos de la mañana del 28 de abril. Llegó la luz, te vi y encontré los ojos de mamá.