Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Pintar con la sombra (Tiempo Argentino 29/09/2013)

La sombra habita, desde que era pibe, un lugar en el costado de mi destino. Soñé luego, cuando hombre, que la sombra tenía la facultad de hacerse en la sangre sin previo aviso. También soñé que se puede nacer sombra. Sucedió sin que me diera cuenta: durante mis días del pasado -soy un hombre viejo- me descubrí, y es más, me descubro, buscando las razones de mi voluntad de ser en la sombra, y a la vez tratando de burlar a la mismísima sombra. Descubrí que no es la lectura del alma la que permite el conocimiento del sujeto. Hay que saber leer la sombra. Quien sepa leer dentro de ella conocerá los secretos de ambos seres, porque ella también está viva. Supe de su presencia acentuada en estos últimos años cuando percibí un aroma dulzón, parecido al que despedían las tortas horneadas en la infancia, flotando alrededor de mi cabeza. El aroma me espera en casa. Flota en mi cercanía durante el día, y se guarda en la noche: entra por la nariz y hace nido entre mis ojos. Siempre fui un pintor oscuro, dueño de una paleta de gamas bajas. Aprendí a pintar recuerdos empastados en mi esencia sombría. Sé de qué hablo. Durante la vida el alma se hace visible en la sombra, en la muerte el alma se hace invisible para fundarse como fantasma. Es cuando la sombra muere. La vida es un eterno trajinar de sombras, pinté muchas de ellas. En cada cuadro un destino. La vida es un cuento que nos escribe una de nuestras almas, de acuerdo al impulso vital del instante el cuento puede hacerse realidad o no. Siempre fui el mismo incrédulo. Por eso elegí, desde el principio, retratar mentiras con la sombra.