Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

martes, 19 de marzo de 2013

Una historia para Julia (XXXIV)


Desde fines de enero que no me sentaba a escribirte. Pasaban los días y yo me repetía: voy a escribir sobre el cambio. Porque hasta hace un tiempito, cada vez que algo te llamaba la atención y estaba a tu alcance, tu manito avanzaba decidida al contacto. Cinco deditos cinco en pos de objetos de toda clase, cinco deditos cinco para desplegar tu curiosidad. Silvia, tu pediatra, ya nos había avisado, el avance de la manito en sintonía de orquesta va a ir desapareciendo para dejar lugar a los arabescos de un solo de dedo índice. Y así fue. Ahora avanza el bollito de violines dormidos, y en ristre el dedito de hurgar, de rascar o de acariciar botones de juguetes que tienen música, dedito de desgranar galletitas. Buscás capturar anteojos, investigar orejas y narices, hacer centro en la boca de la mona Jacinta o en los ojos del oso “teneme el oso”. Tu dedo índice funciona como el brazo de una sonda espacial que acaba de llegar a un planeta nuevo, y es así, es todo tan nuevo que no hay día que no estés fundando barrios y miradas. Mamá Evangelina y yo, en estos momentos en San Cristóbal, en Boedo, en Buenos Aires, somos los testigos agradecidos.

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