Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

martes, 10 de julio de 2007

José Saramago: La sociedad a la vista o la trilogía de la mirada


Publicado en Valis (2002/2003), Grupo Editorial AJEC, Granada, España.

José Saramago toma con su mano el ejemplar de La caverna. Un apurado, alguien fuera de tiempo y de lugar, había alcanzado el libro pidiendo la firma. Saramago, con elegancia y muy buen humor, dijo que todavía estaba en ayunas y se quedó con el libro entre las manos.
Fue ahí, en el recoleto café de la Recoleta, donde fui testigo de una clase de caricia virtuosa.
Saramago aclaró que no estaba en una reunión con libreros nada más que para apoyar las ventas de La caverna. Dijo estar ahí para que entre todos peleáramos para que esto, y tomó el libro, no desaparezca. Estaba por comenzar la clase de caricia virtuosa cuando dijo que aquí dentro, refiriéndose al libro que seguía en su mano, hay una persona. Dentro del libro está el autor. No debemos permitir que los libros se pierdan.
El ejemplar de La caverna se convirtió así en el centro de la tormenta, en el corazón agitado de una recién inaugurada escuela de la caricia. El libro podría haber gemido, podría haber gritado porque al fin había dado con un hombre que sabía de acariciar. Un hombre que sabía de la importancia de avanzar apenas dos centímetros cuando sólo son necesarios esos dos centímetros o un hombre capaz de liberar la caricia para que recorra el lomo que ya no sabe de título ni de autor y mucho menos de logo editorial.
José Saramago acariciaba el libro. Un hombre de manos humanas, amigas, eróticas manos las de José Saramago que transformaban en hombres privilegiados a todos aquellos que pudieran ver lo que este mundo, este momento de mundo, estaba regalando. Nada más hacía falta.
Ver, poder ver desde alguna de las posibilidades.
Aquella mañana en el recoleto café de la Recoleta pude ver.
Después llegó Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres y La caverna, los intentos de Saramago para patear la barrera, para tratar de aclarar la mirada en este presente.
Parece que nada sabemos, parece que hemos perdido la facultad de ver; de ahí que sepamos tanto como nada sobre la bestia que nos rodea.
Saramago siempre hace referencia a una cuestión básica: “despertar conciencias”. Tomar conciencia, vivir a conciencia despierta, por parte de la mayoría de las personas; abrir los ojos y hacerse las tres preguntas clave que propone el escritor: “por qué razón las cosas son como son, para qué y para quién, quién se aprovecha, quién lucra”.
Las tres novelas citadas, la trilogía de la mirada, apuntan a la toma de conciencia. Las tres son invitaciones a bajar a la tierra, a tomarse un momento para pensar. Saramago es un escritor que invita al ejercicio del pensamiento y hoy, estas invitaciones no abundan.