Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

viernes, 19 de marzo de 2010

Botella




El hombre bajó la vista. Su mirada llegó a destino.
Abajo se comprendió la señal, la complicidad, la autorización. Desde abajo, y sólo desde abajo, se percibió la sonrisa leve del hombre.
La puerta de la heladera empezó a descubrir su tesoro con suma lentitud.
Llegó el turno de la botella elegida, fue separada del grupo; primero pareció querer ir rápido hacia el piso, pero fue amague, las manos se repusieron a tiempo de la salvaje presencia de la felicidad y la sostuvieron en el aire del paisaje.

Carlos Salatino era testigo, en una mañana de marzo de 2010, de cómo, en un determinado momento de la vida, la felicidad se encuentra en una botella de gaseosa. Se la podía encontrar abriendo uno mismo la heladera, como el pibito que él observaba, o recibiendo la botella por sobre el mostrador. Su felicidad había sido esperar la botella de pomelo Neuss de manos del almacenero. El almacén estaba al lado de una casa grande con parque, ubicada en la zona de piletas conocida como La Salada. Ya no recuerda la razón por la que sus padres eran invitados a esa casa. Pero sigue caminando, de memoria: con las monedas en la mano, sólo hacía falta avanzar un puñado de metros, luego pasar entre las cintas plásticas de colores de la cortina de la puerta y, por último, encontrar la felicidad en un litro de tiempo amarillo. Carlos opina que la felicidad es un arte efímero y que la sed es eterna.

3 comentarios:

jorge dijo...

... siempre me he preguntado, qué hace que uno, inesperadamente se encuentre feliz; al cruzar la calle, al observar una situación trivial, etc. Borges decía que se trata de una virtud. Pienso que no escapa a nuestro hábitos racionales e inconscientes, además se me ocurre que hay un componente ético en aquello que nos moviliza a las emociones nobles en medio de angustias propias, producto de los avatares existenciales. Cierta vez escuché a una pensadora decir que la felicidad no era para cualquiera, que ésta se manifiestas en seres con cierta formación, lo que haría que aquel que no tengan una preparación espiritual, cuando mucho sólo podrá sentirse alegre, quizá meramente satisfecho...

Jaime dijo...

"Por una rendija de las contraventanas vi extraer las botellas de cristal rezumando agua. La niñez y la pobreza impedían, todavía, el acceso a la burbujeante y deseada bebida anaranjada, que podría darme la felicidad".
Es un recuerdo, de los pocos que guardo con cierta claridad, de mi niñez en un pueblo castellano en la España de postguerra.

¿Cómo podemos saber quién y en qué forma se siente feliz cada uno?

Gracias por las reflexiones del blog.
jaimedelegido@hotmail.com

jorge dijo...

... en estos días, leyendo a John Berger me anoticio de ciertas operaciones del capitalismo en el uso de la fotografía; también en el mismo texto habla de la instrumentación de nuestras emociones por parte del mundo del espectáculo. Las imágenes se vacían de contenido y son admistradas en nuestra memoria colectiva generándonos necesidades que muchas veces no se instalan en nuestro cuerpo sino como consecuencia lógica de un despliegue de seducción instaurado por mecanismos de marquetin. Así, ahora que somos adultos, individuos pensante, corresponde que dejemos de lado los sentimentalismos -por lo menos un breve tiempo- para dudar...
Cuando era niño, y cada vez que enfermaba, mi familia, que era pobre, desviaban un dinero para comprarme una Crush, cosa que disfrutaba y en mi delirio infantil hasta llegaba a creer que eso era la felicidad.