Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

jueves, 20 de octubre de 2011

Rolando




Había armado la mesa con tesón, con convencimiento; él siempre fue de poner manos a la obra y obtener el mejor de los resultados. La mesa constaba de dos caballetes que sostenían dos tablones de obra de un par de metros de largo. Mesa rústica, mesa para comer en la obra.
Debía trasladarla, desde el lugar de origen y sin ayuda, hacia una dirección incierta. Comenzó con la tarea, no recuerda bien cómo lo hizo, porque iba solo y llevaba la mesa armada.
El problema surgió cuando se detuvo frente al bodegón de la ochava. La mesa quedó sobre la vereda; un momento después reparó en que las demás mesas eran muy parecidas a la que transportaba.
Recibió el aviso: la mesa se queda en la vereda. Un gordo le asegura que la mesa le pertenece, pero Rolando, quizás adivinando el futuro, había marcado la suya. Vio la marca, pero nada pudo hacer, se retiró vencido.

Rolando Lois recuerda que en el sueño acaecido la noche del 24 de abril de 2011, él volvió a buscar al bodegón, ya no la mesa, sino al gordo. Lo llevó hasta una fábrica abandonada que, de manera curiosa, como siempre ocurre en la somnolencia, tenía una caldera funcionando a pleno. Rolando piensa que en el mismísimo sueño llegó a la conclusión a la que después arribó en el pensamiento diurno. El gordo que le robó la mesa era Dios, su representación. Aclara: Esa idea que se tiene de Dios, el turro que todo lo dispone, el que se queda con tu mesa rústica o tu vida. Al parecer fue tal su convencimiento que empujó al gordo al fuego.

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