Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

jueves, 24 de mayo de 2012

Una historia para Julia (VII)

Los sueños hacen su juego durante tu sueño. Te ausentás con aviso de ojitos cerrados. Sin embargo, no se acalla tu decir, y no se detiene tu misterioso código de señales: tus manos también hablan. ¿Sueños de la mar enigma? ¿Sueños de tus primeras miradas sobre este pedazo de San Cristóbal? ¿Sueños de mamá, papá, los amigos, los familiares? Todo se hace posible en tu relato de palabras cortas, nuevas, chiquitas: palabritas abiertas entre el aroma de los pezones y el chasquido del piquito de labios finos que a veces permite el asomo, y el asombro, de lengua tan tenue, como concebida en noches de acuarelas y silencios. Sueños en pinceladas y entonces te imagino navegando en barquitos de papel por el agua primordial, acompañada de marinos con cara de monito de colores y ojos de mamá Evangelina, y todos barbudos como papá. La canción del Tata dale que dale de día y de noche para que tus manitos atrapen el aire, para que del aire hurten los sonidos que acarician, y para que detengas los que no. Porque nace tu seña rápida, segura: Sí, vos, che, pá, que no con el ruido de la bolsa plástica que guarda galletitas. Tu manito salió rauda hacia el ángulo de tu cielo y detuvo la queja intrusa. Ayer a la noche volví a pensarte. Te vi dormida en la cama grande. Mamá dormía, desmayada, un tanto lejos de vos. Contemplé tu sueño de recuerdos recitado con pases de escultora que sabe de amasar abstracciones en el aire. Escuché el idioma que cantan los recién llegados. No sé cómo logré seguir con mi vigilia de espía: ¿cómo andar de adivino entre tus sueños al tiempo que intentaba atrapar un puñado feliz de mis lágrimas?, ¿cómo pretender el resguardo de tus sonrisas con mis manos?

No hay comentarios: