Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

jueves, 10 de mayo de 2012

Una historia para Julia (V)


Gran convocatoria de familiares y amigos encronopiados de alegría se dieron cita en la clínica Bazterrica. Habías nacido unas pocas horas antes y las manos festejantes, en un puñadito de momentos, trabajaron felicidades varias. Era sábado de mediodía cuando los papás de Azul llamaron por teléfono: Que saludos y besos, dijo Antonia, Que te felicito, dijo el Tata. Dijo también el Tata: Decime qué le dedico esta noche. Él es músico y esa noche tocaba en un boliche de San Telmo. Pedí La cerveza del pescador Schiltigheim, un poema de Raúl González Tuñón que tanto me emociona: el Tata lo hizo música y maravilla. Entonces, esta noche, en San Telmo, la toco para Julia. Fijate, pibita, cómo ciertos hechos de la vida, de la parte mágica de la vida, se juntan para dar flor. Venís desde el beso de la poesía y la música, y desde el primer día en este refugio de San Cristóbal, escuchamos uno de los últimos discos del Tata: Corazón de piel afuera. Sorpresa volver a escuchar la “Canción del niño y el caracol”: Sol / por aquí / baja, / caracol / caracol de mi corazón. / Vuelve / sube, / manito / por el aire, / dedito / suave / a mi frente, / caracol / caracol de mi corazón. Porque son sorpresa desde el primer momento tus manitos. Ellas dibujan fantásticas coreografías en tu aire cercano: chiquitas, perfectas, tranquilas mientras las lleva la música. No me canso, Julia querida, de mirar tus manitos, de esperar su roce, su hacer: ellas las que hablan, las que cantan y bailan. La música las acompaña, a veces la del mismísimo misterio de lo humano; a veces, la música del quehacer arduo de los hombres. La canción pequeña la escribió el poeta Miguel Ángel Bustos, desaparecido durante la noche del espanto, y la música la acuñó tu amigo el Tata Cedrón.
Julia, vos, la que viene desde el beso.

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