Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

martes, 2 de octubre de 2012

Una historia para Julia (XX)


Me encanta viajar con vos. Tu interés por el mundo es notorio, tu curiosidad hace especial cada aventura. Sólo hace falta cambiar los ángulos para tu mirada. Y después agregar detalles, como la apertura de las puertas del mueble alto de la cocina. Cada puerta se abre y muestra su tesoro de platos y cacharritos de plástico: colores brillantes, brillos de metal, cosas y cositas que ahí hacen la vida. Nuestros viajes por el departamento incluyen la cocina, la multitud de habitantes, y de distinta especie, que viven en los estantes de las bibliotecas, por ejemplo, el relojito de arena, con él tu mirada se agudiza, se afila siguiendo el fino hilo de arena de mentira de color celeste. Una curiosidad acentuada aparece cuando descubrís nuestro abrazo en el espejo alto y flaco que hay antes de entrar al dormitorio, cuando una y otra vez miramos por las ventanas sobre los techos bajos de San Cristóbal. Julia mira que te mira: en la frutera, y en las estepas de heladera adentro. Buscás misterios en el cajoncito de las galletitas, o en el especiero que gira como la calesita de la plaza de Boedo. Encontrás música en las tres campanitas de lata que cuelgan del señor sol, que tiene ojos, sonríe, y está hecho con grueso alambre: cuando suelta tu manito, el quía febo cae sobre el cielo vertical de chapa de la puerta de entrada al departamento. Ahora se agrega el balcón y su cargamento de macetas entre verdes, formas y flores, ahí la luz del día te hace brillar todavía más. Ojos con sed sobre las florcitas ínfimas del jazmín. Cinco meses de vos: Julia a las puertas de la primavera. Me encanta viajar con vos, paso a paso, arriba y abajo, y a todos los costados, para que ojalá aprendas que siempre, en todos los paisajes en los que puedas andar, existen los recovecos, los intersticios, donde intentar el encuentro con la magia. Viajamos cómodos, vos, mamá Evangelina y yo, en este universo maravilla de dos ambientes con vista a un pulmón de manzana. Que la magia siga creciendo como tu destino primero en este barrio: que mañana la lleves puesta en cada uno de los días.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias Edgardo!!!
qué bueno especialmente,-No me funcionan las comillas- , Ojos con sed sobre las florcitas ínfimas del jazmín... Precioso.
Saludos, Juan Lacarra