Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Tensar la línea (La foto, diario Tiempo Argentino: 21 septiembre 2014)



Allá lejos, cuando la adolescencia, tuve el impulso de comprar una caña de pescar. Una decisión acompañada por las historias de mi viejo: de muchacho iba a pescar con sus amigos de Boedo a la Costanera. Tuve mi experiencia sobre el borde de cemento, de cara al Río de La Plata; fui de pesca y campamento de fin de semana sobre el Paraná de las Palmas. Pude tensar la línea disparada hacia el cielo y ver luego el freno del plomo en el aire. Una manera de detenerme a pensar: ay, el presente y su mejor cara, lo efímero. Luego caí hacia las aguas, al misterio, a la maravilla dolorosa de ser consciente de la caída, porque caída habrá, y misterio, siempre. La vida bien puede ser transitada en el misterio, desde el misterio. Se ve que lo aprendí mientras la caña de fibra de vidrio se combaba, y se acercaba a la tierra para apuntar presta al cielo, el otro misterio. La vida toda es misterio, me dije, me digo. Recordé que mi viejo dejó la pesca en la memoria y siguió con esa manera de tensar que nunca dejó: vivió tensando su paleta de de pintor de gamas bajas: su manera de zambullirse en el óleo. Dejé la pesca, esa otra manera de tensar, y comencé a tensar mi tanza de vida alrededor de la lectura y la escritura. Como el abuelo Julio, que fue poeta, y que casi con seguridad, supo de tensar la cuerda, su pesca, y también la dejó por su poesía. Mi viejo lo imaginó, eso pienso, como yo lo imaginé tantas veces arrancando en Boedo para luego bocetar un paisaje sobre la tela, una acción de recordación inventiva: tensó su pintura en el paisaje que recordó y el que imaginó, y así pescó la vida.

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