Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 1 de marzo de 2015

Una pared para todos (La foto, Diario Tiempo Argentino: 01 de marzo de 2015)

A veces pienso que en el origen, allá por los días del Big Bang, en medio de la nube de polvo, porque ahí se sentenció todo principio en una noche apasionada y luego también aquello de polvo al polvo que siempre serás, en esos amaneceres, además del verbo que dicen que fue, veo, imagino, estoy seguro, había una gorra, la madre gorra empolvada por el espíritu del viento que todo lo descalabra cuando de polvo se trata. Y la gorra fue tanto en el cielo como en la tierra. Papá me prohibió la gorra: Ni la de cartero, che, así me dijo. Él pintó toda la vida, entonces, papá también, en medio de su impulso creador, me acercó, me reveló la grandiosidad del pincel. Al principio no vi la luz, pero luego me hice hermano del pincel, de la herramienta y su sociedad de colores. Decidí pintar en la calle. Creo que desde hace años, luego de un gran esfuerzo, mucho laborar tratando de desmierdar la herramienta y la mano: el alma, pude avanzar en la eliminación de lugares comunes y fallas de origen para acercarme a los esquivos territorios del arte. No quise pintar cuadros para ser colgados en casas o museos, quise que mi pintura fuera una pared, en el afuera, una pared para todos. Pinté las gorras y los escudos, el bastón en el aire, el odio, el vacío en la mirada. Yo no existo sin mi pincel, por eso aparezco junto a él, de espaldas. Los de la gorra van de frente, porque la pared de una calle enseña, contribuye a la memoria. Mi cara no importa, alcanza con la línea y el color. Importa la mirada, la memoria de los muchachos que se detengan a ver. La vida pinta de aprendizaje. Luego de recuerdo.

No hay comentarios: