Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 2 de agosto de 2015

Un helado en la Luna (La foto, Diario Tiempo Argentino: 02 de agosto de 2015)

El caballero de Providence le contó a Charles Dexter Ward, su amigo, que los gatos saltaban a la Luna desde los tejados más altos de algunas mansiones. Porque el salto no era posible desde todas, le expliqué a mi hija Julia mientras mirábamos por la ventana cómo el gato negro y blanco del vecino caminaba las alturas rumbo a la Luna. Lo que veíamos no era a orillas del Miskatonic, sino a unas cuadras del Gualeguay, dos ríos con historias. Se ve que tanto en Arkham como en Entre Ríos, se goza de lunas maravillosas que fomentan el misterio felino. En la ciudad, Julia y yo, ya teníamos una Luna de considerables dimensiones, pero nada que ver con la que hoy nos visita en la zona de chacras, que es donde vivimos. Es más, puedo afirmar que mi familia goza de una Luna propia. Es la que sale de entre los árboles, a la izquierda del jardín. Esplendorosa, poética luz que en sus mejores noches nos permite ver el jacarandá y el espinillo, que se guardan hacia el final del terreno. Tan fuerte y clara es su presencia que Julia, la otra noche, me dijo que la Luna no tenía ojos ni boca, que tampoco tenía, y no me dijo pómulos, pero los señaló en mi cara. Muchas cuestiones se desvirtúan en Gualeguay debido a la presencia de esta Luna. Por ejemplo, la mayor cantidad de apariciones de hombres lobo en la zona: una Luna tan tentadora agita distintas sangres. El hombre lobo, confundida su esencia, sale en noches en que definitivamente no hay la Luna que sabemos hace falta. Esta bestia gualeya tiene características propias, de ahí mi calma al citar su presencia. Esta criatura mata sólo la vaquilla que se va a comer en los fogones del campo, donde corre el mate, el vino y la galleta. Muchos ciudadanos comunes son aceptados en las enramadas y entonces las bestias y los hombres, gracias a la Luna,  viven de asado en asado. Le dije a Julia que una noche la voy a llevar a tomar un helado de limón, pistacho y crema del cielo a la Luna más grande, donde dicen que se ve la figura de un burrito.

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