Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

martes, 10 de julio de 2012

Una historia para Julia (X)

Mamá Evangelina colgaba la ropa recién lavada en el balcón. Vos estabas en el medio de la cama grande, acostada sobre una de nuestras almohadas. Afuera el frío. La persiana se guardaba en su nido, las cortinas se apretaban a los lados, la ventana era todo cielo de San Cristóbal. La seguidilla de plantas sobre el alféizar hacía de cordillera flaca; imagino que las macetas quedaban fuera de tu mirada. Estabas tranquila hasta que se asomó una nube de llanto, en tu cara se dibujó una clara expresión de pucherito a la carta. Arriba, gordita, con papá. Quedamos bien cerca de la ventana. Primero intenté que encontraras a mamá Evangelina, pero el llanto te traía a los saltos. Mamá desistió con su teatro de morisquetas. Empecé a decirte todo aquello que se me ocurría, que es como el estribillo de la canción que me va a llevar toda la vida, te hablé en voz baja, casi al oído: pibita de San Cristóbal y Boedo, bonita nena cuanto te quiero, Julia, la nena momosha: que es mezcla de mimosa y hermosa. Sumé besos cortos. Sentí que tu cuerpo se iba acomodando dentro de mi abrazo, encontré tu respiración buscando la calma. Mirabas a la ventana azul, porque de azul se construía el paisaje, puro cielo de San Cristóbal, puro cielo de barrio, el tuyo, el nuestro: así era cuando te quedaste dormida.

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