Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

miércoles, 18 de julio de 2012

Chau, Carlos

Un momento después de amanecida la finitud de una persona querida, elijo buscar en la memoria y vivir, restaurar, un aire de otro tiempo en el presente. Trato de hacer esquina en medio de la pena que nace con la primera ausencia. No llegué a ser amigo de Carlos Caffarena, pero podríamos haberlo sido. Si lo pienso, muchos fueron los nexos que nos podrían haber acercado todavía más en la mesa del café Margot. Todo puede acontecer en una mesa de café, esta verdad bien podría haber sido una de las coincidencias, estoy seguro de que él lo sabía; luego podría señalar otras ancladuras: Boedo, Buenos Aires, buen lector, charla sustanciosa, respetuoso del otro (también en la discrepancia), su especial conocimiento de la pintura argentina, pero más allá de estas señales y de otras tantas que podría agregar, Carlos era, fue, es y será siempre en las historias y en mi memoria: un buen tipo, y es esta la mayor distinción a alcanzar en el juego de los días. La distinción parece chiquita, uno de esos títulos que no cotizan en los tiempos de la velocidad, pero a ella no se llega por casualidad. Ser un buen tipo es un arte, y como todo arte, este también lleva una vida. Siento que de esta manera debo despedir a Carlos: nombrando su sustancia primera. Compartimos barrio, mesa de café margotiano y filosofadas varias. Hacía unos años que nos veíamos a los saltos, siempre el saludo pero estábamos más lejos que ayer, cuando mis primeros años de contacto con el viaje iniciático que me significó saber de la historia de Boedo y su gente. De aquellos días recuerdo las dos o tres veces en que hicimos de galeristas de arte junto a la pared mayor del Margot. Carlos indicaba, era el que sabía, y yo ejecutaba parado sobre una mesa del café. La agrupación barrial Baires Popular iniciaba sus muestras de pintura en las paredes del Margot y Carlos era el alma madre de la movida. Hoy elijo aquellas mañanas como puntales de mi memoria. Mañanas de Boedo, una pintura del barrio: Chau, Carlos, un placer, siempre estuvimos avisados, sabíamos que una y otra vez tendríamos que ejercer la memoria.

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