Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

lunes, 20 de agosto de 2012

Una historia para Julia (XVI)

Nunca imaginé que podía terminar jugando a la magia. Nunca imaginé que mis manos, Julia querida, pudieran ser capaces de transmitirte tanta alegría. Habías empezado a observar tu mano izquierda con sobrada insistencia y detalle. Sucedió entonces que la casualidad me llevó a mover mis manos en el aire, frente a vos. Para un lado, para el otro, mano libre que saluda, que dice chau, y entonces la magia: tu labio superior que se hizo línea (así cada vez que tus ojos avisan que se viene piquito alegre), una línea de horizonte aparece en tu cara, porque la sonrisa, la felicidad, el asombro te gana, y entonces el susodicho labio se hace trazo leve dentro de la más pura de las sonrisas: si siempre hay luz en tu carita, sale el sol en este tiempo de destino y horizonte de lo más humano. Mirás con atención, asistís a no sé qué revelación placentera, no te perdés movimiento, mis manos adquieren vida propia, personalidad festiva. Las pienso humanas, ellas por separado y jugando juntas: animales de regular porte, cada una siendo un alma, una señal. Con mis manos en el aire sé que puedo anular hasta un llanto de regular intensidad: qué misterio, qué artefactos del sueño, maravillosos juguetes estas manos de contar historias, pero esta vez en el aire, a lo sumo volando a la distancia sobre un papel y una lapicera roja. Mis manos para vos, en casa, en el momento menos pensado, invitando a la alegría de manera tan natural y simple. Manos hermanas cuando las tocás con tu magia.

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