Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Una historia para Julia (XXVII)

Veredas, esquinas, autos, personas, gente, ruidos, cemento, locura de esta gran ciudad, locura de velocidades, porque la gente corre mucho para nada. Sabés, Julia, en esta vida hay muy pocas razones por las cuales correr. Se puede vivir errado en esta ciudad grandota que casi siempre anda de coqueteo con la desmesura, pero que aún así, tan llena de nombres, sigue guardando el barrio y la buena gente, las mesas de café como las que habitás vos en el Cao o en el Margot, y están las plazas y los paseos por las veredas, esas que tienen distinto dibujo y que entonces te tocan distintas músicas a través de las ruedas del cochecito. Cada vez que te llevo en nave pienso en las diferentes vibraciones que recibís durante el viaje. Cuando el cochecito lo lleva mamá Evangelina, me gusta ir al lado tuyo y acercar la mano para que me agarres un dedo. Así viajamos de la mano. Yo veía a hombres de mi edad ir de la mano con hijos de tres o cuatro años. Pensaba que eso debería ser muy lindo. Hoy sé que es maravilloso. Todavía no caminás, pero ya voy por Buenos Aires de tu mano. Y te digo más, ¿sabés qué me encanta hacer?, llevarte en brazos en casa, en el barrio, en la ciudad, en esta Buenos Aires que tanto me gusta y tanto detesto. Siento mi abrazo profundo, voy atento a tus movimientos, disfruto tu abrazo, tu manito sobre un hombro. Me siento distinto, no mejor, nunca me gustó creerme mejor que nadie, sino distinto, siento que camino por una felicidad nueva, una felicidad que no se parece a ninguna otra. Nunca quieras ser la mejor, apuntale, hija, a la felicidad con tu gente y con todo lo que te guste hacer. La felicidad no se gana, no se compra, no la regalan, simplemente se encuentra o no. Una de mis felicidades, tan linda, tan simple, y tan encontrada, sucede mientras te llevo en brazos y espío tu mirada sobre la aldea.

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