Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

martes, 14 de mayo de 2013

Una historia para Julia (XXXVIII)

En medio del proceso de mudanza ocurrió algo azaroso. Pienso que a esa altura de los acontecimientos, ya tendrías real percepción de que el mundo de colores y formas que habías contemplado durante casi todo tu primer año, había dejado de estar a la vista. Papá lo guardaba en cajas de cartón y bolsas. Hilo y cinta de embalar, tornillos y maderas, todo había dejado de ser, y era extraño para nosotros, que en teoría comprendíamos más que vos. Sin dudas el desarmado del rompecabezas te habrá afectado. Faltaban pocos días para la partida, y me entero de que mi amigo poeta Rubén Derlis, presentaba su último libro, el sábado previo a la mudanza, en el café La Poesía de San Telmo. Mamá y vos viajaban a Gualeguay el viernes, el sábado la presentación y el lunes la mudanza. Preparé el mínimo indispensable de ropa hasta el lunes, el resto a la bolsa. Para el sábado dejé el saco en una percha. Y andaba con el saco de acá para allá, lo colgaba y enseguida lo tenía que correr debido a mi rol de papá embalador del mundo. Fue cuando me di cuenta de que había quedado libre el clavo de donde colgaba el cuadro del abuelo Rolando: El color que cayó del cielo. Claro que después de colgar el saco reparé en que quedaba exactamente sobre tu corralito. Fue inmediato, estabas seria, mirabas a la altura con desconfianza y me mirabas. Pensé que ibas a llorar, lo descolgué y te lo acerqué dando las explicaciones del caso. Vos lo tocaste y todo volvió a la normalidad: el saco de papá, pero hasta que volví a sostener la percha en la pared. Tu desconfianza volvió a decir presente. Dejaste de jugar, te molestaba esa impostura de hombre o de papá. Entonces lo entendí y lo descolgué definitivamente. Te dije: Julia, vas bien, que nunca te gusten los disfraces, que nunca aceptes que alguien te mire, confiado, desde arriba. Después pensé en que la mentira y la moneda muchas veces se sostienen de un clavo. Quiero que sepas que no figuran entre las bellas artes.

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