Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

viernes, 26 de julio de 2013

Una historia para Julia (XLV)


Cuando cumplí treinta y tres años recuerdo que el abuelo Rolando me dijo: Parece mentira, si ayer nomás te traje a casa recién nacido. Siempre me acuerdo de esto, y en esta anécdota pienso cuando te veo sentada sobre las baldosas y con un libro abierto entre las manos. Más allá de mi felicidad porque ya tengas trato con el amigo libro, pienso en la velocidad: si ayer nomás eras la recién nacida, cómo ahora sumás quince meses entre libros. El abuelo Rolando tuvo razón. Primero tuviste dos libritos plásticos, después apareció uno de cartón bien duro con una cabeza de títere en su parte superior. Libros juguetes que cumplen, pero la cuestión cambió cuando de mi biblioteca saqué dos libros de una amiga, la escritora Laura Roldán. “Zongos y borondongos” y “La marca del garbanzo” son libros que ella escribió junto a su mamá Laura Devetach, una gran autora de literatura infantil, casada, fijate qué dupla, con el notable Gustavo Roldán, uno de los más destacados escritores argentinos que trabajaron la literatura para chicos. El primero está ilustrado por Gustavo Roldán (h.), el hermano de mi amiga, ¡qué familia!, y de él es el cuadro que está colgado en tu dormitorio: El vibroperro. El segundo libro está ilustrado por Isol, y este señor es el creador de un dibujo que mucho te alegra. En “Orquesta con bichos raros”: el que toca los platillos. ¿Qué es?, no sé, ni él debe saber, pero te divierte cada vez que llegás a la página. Te veo venir con un libro en la mano. Pasito corto, el libro que casi toca el piso. A estos títulos se han agregado cuatro de María Elena Walsh, otra señora destacada: “Dailan Kifki”, “El mundo del Revés”, “Cuentopos de Gulubú” y “Manuelita ¿dónde vas?”. De todos mirás los dibujos. Aprendiste a pasar las páginas. Te hago upa para ubicarte sobre mi pierna derecha, así me lo pedís, y te preparás para mirar el libro. Sucede varias veces al día. Qué grande que estás, pienso, y cuando aparece el bicho dibujado por Isol, sencillamente me hago chiquito en tu alegría.
Como intento ser un padre sincero, voy a contarte que en estos momentos hay un libro más. Está muy linda la historia y te gustan los dibujos. Papá prefiere escritores que cuentan buenas historias y además son buena gente, con fallas, seguro, pero buenos seres humanos, sinceros. Hay escritores que son así, y hay otros que no, por eso no pude evitar dejar para el final el libro que te regaló nuestra amiga Paola de Bogotá: “Fonchito y la Luna” de Mario Vargas Llosa, que es un buen escritor, y nada más.

1 comentario:

Paola Arcila dijo...

Es un honor para mi que mi nombre esté en la historia de Julia y en tus letras. Abrazos para toda la familia, incluyendo los abuelos. Sonrío y se me aguan tantito los ojos.

Paola.