Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

domingo, 31 de enero de 2016

Contravida de Augusto Roa Bastos (Libro recordado, Diario Tiempo Argentino (31/01/2015), texto sin firma: el diario no paga los sueldos)

Sucede cuando me dispongo a leer en la cama. Enciendo con comodidad el velador. Elevo plegaria con fuerza al dios de los bichos que vuelan: que todos tus seguidores estén en misa. No molestar en la noche. Al fin tomo el libro, lo abro y procedo hacia el abismo. Después de la lectura de Contravida, siempre pienso en su autor. Roa Bastos, el hombre, el gran escritor, y ayer, allá lejos y hace tiempo, el pibe pobre que en Paraguay había descubierto que quería escribir. Pulsiones irrefrenables: lectura y escritura. Podía intentarlo mientras dormía su padre. Y no valía con luz de vela. El escritor cuenta que para poder escribir en la noche, atrapaba bichitos de luz en el terraplén y los juntaba en un frasco de vidrio. El pibe construía su lámpara. Leía hasta que la luz de los portadores del secreto, moría. La muerte de las luciérnagas no le causaba culpa. Sucede: abro mi libro y recuerdo aquella lámpara natural en el campo. Pienso en la vida y en la muerte, como debe ser cada vez que abrimos un libro, o escribimos, o encendemos un velador.