Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.
















Edgardo Lois x Alejandro Lois

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

viernes, 8 de mayo de 2020

Anotación vírica


Algunas miradas escritas en un diario del aislamiento: Mientras tanto (anotación vírica).

Tenés tu mundo interior. Tu mundo de escritor. Así me dijo la lectora.
Es cierto, ese mundo está. Respira acurrucado en el quehacer del oficio.
La escritura como basamento de mi identidad. Cuando algo me emociona, afecta, lastima, cuando me encuentro masticando un pensamiento, ahí aparece la escritura, una damisela con la que hablo desde hace una vida. Una historia de amor que perdura. Alumbra. Acompaña. Que me alienta. Con su presencia resisto dentro del transcurso de los días, dentro de las historias que me ha tocado ver, tocar, vivir. ¿Para que también las escriba? Sí, algunas pude anotarlas memoria. Victorias y derrotas. Siempre es así en la vida que hasta ahora toca. Siempre tratando de encontrar la felicidad. Por qué la felicidad es un globo de papel suelto en un cielo de navidad. Vuela mientras el aire es sangre caliente. Luego se incendia y hunde. La felicidad y sus dos caras montada al sube y baja en una placita de provincia.

Un bote. Una lancha. Un barco. Otro barquito frente a la costa.
Los puertos de Italia, donde los muertos se cuentan a puñados de mano gigante, se cierran frente al barquito y los desesperados que lo navegan -mediterránea desventura humana-, que lo habitan como si tierra fuera, una tierra en tránsito hasta la tierra prometida donde la pandemia se lleva puesta la civilización. Desesperados se hacen a la mar. Huyen de un monstruo. Navegan, viajan hacia otro monstruo. Toda esta película en rodaje se proyecta dentro de la película que aquí me tiene encerrado, enloqueciendo de tristeza, en un departamento de Boedo, en mi aldea.
Habito mi bote, mi lancha, mi barco/barquito frente a una costa que cierra cada día, cada uno de los pocos gestos vitales que me quedan, esas caricias que resisten en la memoria.

Hay días, especialmente los últimos, en que me gana una especie de entresueño. Habito una tierra de nadie. Donde ninguno de los que soy puede afirmarse en la escritura. Tampoco en la lectura. Quien soy, mi sociedad de almas fundantes, se asusta, ausenta, se esconde. No es juego, es dolorosa incertidumbre. Cuando más te quiero y necesito, no puedo escribirte como quisiera. Como si me faltara aire, y diez guitas para el peso. Escribo, estos días, desde dentro del globo de papel en cielo de navidad. Cuando subo veo la plaza y sobre ella me escribo hasta morir dentro de un grupito de líneas, lo de siempre, una imagen, una idea, y la palabrería; y cuando bajo, la plaza es desierto con tormenta de arena que borra mis huellas mientras, lento, se hunde el incendio que llega de un cielo que simulaba navidad.

Sueño hecho realidad. Sueño neoliberal. Encerrados en casa. En la calle, el otro camina a dos metros del posible huésped del virus. Hay miedo entre las personas. La amenaza es el otro. No hace falta ser boliviano, negro, peronista o pobre.
Lejos todos.
Los Ellos, los desclasados de siempre, los separatistas con pretensión de pedigree, piden ayuda a su dios de bolsillo. Así la criatura unicelular.
Muchos de los separados, en cambio, se protegen pensando el buen destino para el otro. Todos somos otro. Nosotros fundamos el mar de cada día.
Vive la memoria, la amistad a través de algún dispositivo tecnológico.

Cuál el cadáver que socaba el gusano vencedor.
El mundo nuestro de cada día. En la Nostromo mundial alguien parió el bicho. Estallido navideño desde dentro del pecho. Estallido silencioso.
Los creadores salvajes de la sociedad global revisan sus cuentas. Cuántos sí. Cuántos no. Con cuántos nuevos zombis funciona el mercado. Quiénes serán los responsables de los muertos en la escritura de esta página de la historia oficial.
¿Morirá el hambre? ¿Morirá la miseria? ¿Sabremos al fin de la solidaridad? Algunos se preguntan sobre la refundación: la necesidad desesperada de una sociedad nueva que sepa que el mundo es ahora mismo: la vida hoy.
Mientras tanto, los Ellos comienzan a barrer basuritas bajo la alfombra de la historia, y renuevan cálculos desde las carabelas de otra vez sopa.

Camino por Avenida La Plata. Unos pocos hombres y mujeres en las veredas. Alguien espera un colectivo. Cielo nublado. Vientito fresco. Me gustan estos días. Voy hasta la puerta de la casa de Virginia y Mario. Me ofrecieron dos barbijos, no los van a usar. No se consiguen. Camino. Será obligatorio el uso a partir del 15 de abril en toda la Ciudad Autónoma.
Mientras me acerco a destino paso al lado de los caminantes que van en sentido contrario. La mayoría ya lleva protección para nariz y boca. Habrá que volver a mirarse a los ojos -bondad humana casi olvidada- para reconocer nuestra esencia, nuestro nombre, la sonrisa oculta.

Muertos pobres en ataúdes pobres. Olvidados los muertos y sus ataúdes pobres. Ubicados en el vientre de tierra de la fosa común. Sucede en la isla neoyorquina donde van a parar los cadáveres que no reclama familia alguna. Foto aérea en la pandemia del capitalismo salvaje. Vi la foto hace días. En una lonja de tierra flaca nacen las fosas de los que nunca supieron qué era estar primero en una lista.

Cuesta acomodar la palabrería en estos días. Hay un desánimo. Un pelotazo en la boca del estómago como cuando en la infancia. Días de lejanías, y días lejanos. Cuanto duele la distancia física, y tanto más la del alma, las almas. Escribo, quizás escribo, o escribí, porque llevo un puñado de almas. No una. Tampoco dos. Un puñado con mano generosa de agarrar más caramelos, más sortijas. No para acumular, sino para compartir. Invitación a salir al camino con un sabor a la mano, una vuelta más en el sueño, y en el encuentro mágico del amor. Sueño y llanto. Escribo señales desde el buche de la pandemia. 16 de abril. Soy en la media mañana. Espera la inmensidad de otro día.

Camino mi refugio como si fuera castillo, y yo el conde de Orlok.
Hay vida en los otros departamentos. Lejana. Todos los habitantes del edificio con aprensión en la mirada. Lo sé. Los imagino. De vez en cuando una sombra en una ventana. Alguien que camina por el pasillo hacia los departamentos del fondo. La pandemia como la luz del sol. Orlok, el vampiro, se guarda porque piensa en él y en el otro.
Insoportable este encierro eterno.
Pobre Orlok aislado en una película muda.
A la vez me cuesta salir hasta el mercadito chino distante unas tres cuadras. Camino ajustado de aire, el barbijo resulta incómodo. Ajustado también por el miedo, no propio, sino el que se percibe en el resto de los caminantes, y en la mayoría de los clientes del chino.

Unas horas después de anotar el apellido: Orlok, y de nombrarme conde y vampiro, de asumirme, una vez más, refugiado en un castillo de Boedo, llegué hasta una canción. Escuchaba la radio. La letra de la canción me llevó hasta Orlok, también mentado como fantasma, criatura de la noche, nosferatu: no muerto (cómo se dirá en rumano: no vivo). Ni muerto ni vivo: fantasma.
En la radio, la voz en mi aislamiento, escuché Living in a ghost town de Mick Jagger y Keith Richards (Rolling Stones): La vida era muy hermosa, / y entonces nos tuvimos que encerrar. / Me siento como un fantasma, / viviendo en un pueblo fantasma. // Cada noche estoy soñando que vendrás / y te arrastrarás en mi cama. / Por favor, deja que esto termine, / no atascado en un mundo sin fin, mi amigo.
Orlok muere de amor. Aguarda el amanecer al lado de su amada. A consciencia. Cansado de la noche. La luz del día lo mata mientras bebe la sangre de Ellen.

Otro de mis buenos fantasmas me dijo que fuera hasta el mercadito chino: Ahora mismo que sopla el sol en las calles, que el mundo es una belleza. Acepté el consejo. Imaginé a mi buen fantasma hablando bajo el sol. Ocupando un lugar en el vano de una ventana que da a una calle de barrio. El buen fantasma sentía y pensaba mientras el sol llovía hasta el límite de la sombra interior.
Caminé despacio -toda una costumbre forjada en el aislamiento- bajo el sol. Disfruté la luz. Una caricia. Hacía tanto que, sin saber, la esperaba. Extendí la caminata unas cuadras. En la vereda de la escuela no había charcos de hojas, hoy volaban en remolinos. Festejando el regreso del sol.

lunes, 13 de abril de 2020

Crónica aislada

Boedo y San Ignacio. Foto: Mónica Aisemberg

Hago mi vida en Boedo. Mi vida dentro de la vida grande, mi barrio dentro de la galaxia que abraza barrios: Buenos Aires. La radio suelta la palabra en el refugio. El dial en la AM 750. Otro día. Cada uno de estos días. Un tránsito en soledad. En mi silencio. Casi no hablo. No me hablo. Pienso. Cuido la moneda en el celular. No tengo internet. El departamento es único testigo. Es refugio. Mi pedazo de madera luego del naufragio. Se hundió mi Titanic. Hasta ayer flotaba a la deriva, trataba de durar o de salvarme, de llegar a alguna costa. Sucedió que quizá alguno de mis dioses escuchó la letanía, el cursor estelar que boceta mi escritura: hasta el cotidiano llegó un bicho, y la invasión, y luego, dentro de la pandemia, volvió acentuada la oportunidad para una mirada clara. Pienso en un silencio devenido esencia fundacional, creativa; un silencio de origen, de viento nuevo; el silencio como invitación al pensamiento, a una consciencia vital para así llegar hasta la mirada clara que anoto. El pensamiento necesita que un buen silencio ponga fin al barullo mal intencionado.
En la historieta inaugurada no hay copos de nieve en el jardín. Tal vez hubo manipulación de parte de uno de los imperios en pugna. Vaya el pueblo a saber. Pero hay algo que sí se sabe, como todo bicho canasto, este también venía con sorpresa -una muy distinta al Topolín de la infancia-: una bolsita trucha con chupetín amargo y con chuchería de escupir egoísmo. El bicho canasto viaja desde lejos, y el bicho en él oculto se quita la careta y renace en los asociados de siempre.
Bicho y asociado no viajan en tren, llegan en avión. Andante en clase media y andante en clase mayor. Ante las recomendaciones del Estado frente a la pandemia, el asociado oculta, olvida estadía. Para qué acordarse de tantos detalles, mejor no hablar de ciertas cosas. Olvida además la labia orgullosa con que se chamuyaba: Mire, don asociado, qué bonito es mirar desde arriba. El barrilete con tiros defectuosos podía resultar huésped. En avión carabela la santa maría se la pinta -caripela mentida- como si fuera la niña que nada recuerda de Europa ni de los mongoles y chinos que viera Marco Polo.
Bicho y asociado se revuelcan y juntos nacen más asociados. Andante de cerrar el puño y cargar -yo en clase media y yo en clase mayor-, de apretujar changos: meta frasco de mermelada sin color, peor que el famoso deme dos. Jamás una duda con higiénico del mejor. El que sigue en la fila no importa. De solidario ni sombra en el asociado que anda y se maquilla. Andante extasiado sale pleno del mercadito chino, y harto lustroso del hiper. Avanza el andar del andante que escombra el paisaje. Prepotencia de paco plástico, marroco de dios salvador, hostia/estampita que baila en la fule pertenencia. En pista de finirla se eterna el tango ceguera: andar contra un tiempo/sueño que quiere cantar para todos un destino mejor.
Andante y viajero, amigo primero del bicho, ¿de dónde es que viene el caballero? Desde una esquina de bar en la ciudad que hermana, se ventila: Es otario de barrio bien, garca de country y palacete que se quiere esfumar. El piola zurce, con labia y ovillo de enredar, su tragedia de derechos mancillados. Una maligna payasería apronta otra muerte con clase ante los ciegos que no quieren ver (ensayó Saramago). Conspirados los descontadores que ciegan con mentiras y nubes fulería. Destructores mano lista, bolsiqueadores desde un asiento en primera. Mientras tanto el mundo escombra, se escombra. Corta la vida del otro el filo maula del egoísta. Así en el cielo, cuando el avión, como en la tierra, cuando se atraganta el carro con mercadería (sin importar el precio asesino que anota otro de los asociados). Andante y viajero este virus con cara de bicho conocido: vive del barullo, baila sobre la cáscara del día, no quiere saber de destinos. Sin embargo el andante y viajero, su sistema, saca sortija en cada órbita de había una vez.
Que no me quedo en casa, dice el bicho, el andante viajero, y el andante de cabotaje, ese que no se pierde vacación de fin de semana ni aunque vengan degollando. ¿A solas con quien soy? ¿Quince días, treinta? ¿Sin cuatro o cinco en el fondo para que alimenten la tribuna? Mi dios de los domingos: ¿A quién comprar el alimento balanceado para pollos? ¿A quién exigir mi libertad de mercado?
En la primera tarde del otoño se escucha, sábado en la ciudad, por la tarde, la respiración lenta del último calor. Se escuchan, escucho, casi nada más, yo mismo, el que solitario anda por la vereda de la avenida, escucho, digo, mis pasos, casi nada más, escucho, yo mismo… y nosotros, los pasos que se escuchan pasos.
Todos nosotros los muertos, también nosotros en la película del mundo desdichado, con primeros planos de miedo y silencio dentro de las casas.
Boedo no escucha tangos, se viene tras mi avance de muerto, sobre el cemento vacío de Garay, mis pasos hasta la esquina de barrio, bolsita del mercado chino que flamea con un vino barato dentro de un corazón que piensa en acostarse cuando la noche sea en el tiempo en que suena la radio.
Impresiona la ciudad de desespero escondido, presiona el cuore que escucho me dice: solo deberás cuidarte, solo transitar la ciudad muda, y solo morir si te toca; solo, además, deberás contar las monedas hasta la última, que muchas no quedan.
¿Cuántas vueltas más hasta el giro cerrado sobre el mercado chino de Pavón? La calesita detendrá sus caballos y yo estaré solo en el centro de la plaza. El jinete, su tos poligriya tallada en la misma madera con que corren los caballos luego de dejar el día.
Toda vida tiene su calesita, contra las agujas del reloj gira y se eterna el tango: el baile de un mundo que al fin se ha roto.
¿Qué, cómo nacer desde el silencio en esta ciudad con aire de decorado? Escuchando el silencio entre mis pasos apareció la idea de esta escritura que junta historias de broncas, derrotas y posibles victorias. Imágenes, sensaciones, la realidad y la ficción de las palabras, todo el revuelto Gramajo sobre la calesita de los días que, a diferencia del paisaje, gira rápido. Entonces uno se mira en el espejo propio y pasa al espejo de todos. Desde cada refugio se busca ser parte del refugio de todos; es el pensamiento y la toma de consciencia la llave que habilita la puerta por donde pueda circular la suma de los nuevos pasos, esos que se escuchan, esos que alumbran los caminos luego de habitar tiempos de encrucijada. Sueño con una sociedad héroe, con otro final, basta de finales de película: la docilidad de la costumbre. Recuerdo a Juan Salvo, el eternauta, uno más de nosotros, uno más entre nosotros, un hombre de historieta argentina donde el pueblo termina con el invasor y sus asociados.
El renacimiento de una mirada clara como herramienta para una renovada pertenencia a aquello que apuntala lo humano, el derecho olvidado. No toda la sociedad argentina, tampoco la global, entiende memoria y derechos humanos. Filos como neoliberalismo, mérito, egoísmo, odio, pertenecen al serrucho con que el lobo trabaja el barullo en la caramelera del que no se sabe ignorante, del que no sabe que él mismo es filo del hacha de nublar del verdugo.
Tiempos de aislamiento. Muestrario salvaje de la estupidez humana trabajada día a día, cuando la velocidad funda el olvido (Marcelo Schapces). A la vez, horas para encontrarse pensando, leyendo más allá de la historia propia, por dolorosa que esta sea. Existimos, existiremos en tanto podamos ver al otro, ser en el otro.
Era un día con el corazón asediado. Escuché mis pasos en Mármol y Garay. En todo el día había pronunciado una sola palabra: Gracias, dije al chino. Supe que ignoro cómo termina esta historieta. También supe que no estoy solo en este mundo enfermo por el virus de un capital que discrimina, excluye y mata. Luego encendí mi radio, la mirada clara desde la esquina del barrio de todos.

martes, 31 de marzo de 2020

Proposición poética para anular la deuda externa


Sucedió en París. El hombre poeta pidió permiso y se acercó hasta el hombre presidente. Hubo abrazo entre los hombres: uno presidente de la Argentina: Alberto Fernández; el otro, el poeta, José Muchnik, que además de guardar contentura y orgullo en el cuore, llevaba un libro en la mano: Proposición poética para anular la deuda externa. El libro es parte de su laborar cotidiano, y en su quehacer palabrero, el hacedor, anota la existencia del otro: el hermano, en estos tiempos de destructivismo mundial: La hipocresía se declina / como un verbo regular / en todas las personas del olvidativo / Y el hombre se vuelve cifra / las cifras pierden su sangre / y confeccionan matemáticos modelos / con sintéticas telas / que no saben apreciar / el desamparo del desnudo.
El poeta ensaya su crónica, postales desde Francia: El encuentro con el presidente fue el 5 de febrero, en el Instituto de Ciencias Políticas de París. Pronunció una conferencia sobre la situación de la República Argentina y sus relaciones con la Unión Europea. Anfiteatro lleno, público constituido principalmente por estudiantes del Instituto, y algunos invitados externos. Preguntás por mi impresión: como viejo exilado, contento y orgulloso de escuchar al presidente de los argentinos, manifestando su voluntad de volver a poner a la Argentina de pie. Una conferencia marcada por la claridad y sinceridad de sus propósitos. Pero más importante que mis impresiones, cuentan las de los jóvenes estudiantes que la presenciaron, muchos de ellos latinoamericanos. Los nutridos aplausos, y las charlas personales que tuve con algunos de ellos, confirman la acogida positiva que tuvo la conferencia del presidente.
¿Cómo fue entregar a Fernández Proposición… en este tiempo de nueva encrucijada en la cuestión deuda externa?: El libro se lo ofrecí al terminar la conferencia. “¿Está en francés?”, me preguntó. “El título parece un chiste”, agregó con una sonrisa al ver la tapa “Proposition poétique pour annuler la dette exterieur”. ¡Un chiste! No me lo permitiría. Es bilingüe, aclaré, fue publicado en París en 1993; mirá la dedicatoria. Entonces leyó: “A Alberto Fernández, estos versos no sirven para pagar la deuda, sí para enaltecer valores”. Efusivo abrazo, fotos, algunos periodistas interesados en saber de qué se trataba el libro.
Muchnik sobre su libro desapercibido: Te aclaro que hasta este momento, el libro dormía tranquilamente. Soñaba con su propio olvido. Aunque de vez en cuando alguien lo hojeaba y lo arrancaba de su letargo. Luego volvía a su olvido. Ya sabemos que el destino de los libros es muy difícil de prever. Parece que ahora, los amigos de la editorial CICCUS van a resucitar “Proposición poética para anular la deuda externa”, el contexto es “propicio”.
¿Qué piensa el ciudadano/poeta sobre la deuda externa?: Cuestionar la deuda externa, los principios económicos que rigen el funcionamiento de nuestras sociedades, a partir de la experiencia poética del mundo, parece una provocación en los tiempos que vivimos. Sin embargo, es útil recordar que ya Francisco de Quevedo Villegas, en pleno auge del Siglo de Oro español, incentivado por la conquista de América, condensa en el célebre poema: “Poderoso caballero es don Dinero”, su crítica al poder fundado en el dinero como valor supremo.
Un paisaje fulería: Los “poderosos” de hoy en día, con la ayuda de matemáticos modelos, han construido un Homo Economicus cuantificable, guiado por la búsqueda del máximo beneficio, pues ahí suponen que encontrará la fuente de la felicidad. Cuantifican los comportamientos de la gente como si se tratase de objetos físicos, construyen una representación de la realidad que legitima las estructuras de poder y su reproducción, así justifican científicamente las injusticias, actuando en nombre de “leyes divinas” sacrifican la mayoría de los habitantes del planeta, y al planeta mismo.
El arte de cuestionar: La poesía fue parte esencial del desarrollo de la humanidad. Mucho antes de que la escritura misma existiera, de manera oral, la poesía transmitía ritos mitos historias valores… de las diferentes sociedades. No sólo los hombres y la naturaleza, también el lenguaje fue sometido/manipulado para ponerlo al servicio del modelo dominante. Una palabra alcanza para revelar la estafa, una palabra que dice mucho: libertad. El “libre mercado” constituye una de las piedras fundacionales del edificio de barajas que se está desmoronando. Y esperamos siempre el famoso punto de equilibrio de un “libre mercado” que no es libre, ni el mercado de productos, ni el de capitales, ni el de trabajo. ¿Libertad de oportunidades? ¿Cuál es la libertad de un trabajador? ¿Vender su tiempo en cambio de un salario fijado por reglas que no controla? ¡Cuando tienen la suerte de poder vender su tiempo! La “realidad” depende del lenguaje con que se la describe. La “Batalla del lenguaje”, la batalla por acercar las palabras a la verdad, es tal vez menos evidente, pero no menos fundamental que las batallas en el orden político económico o social. Es en esa batalla que la poesía tiene una misión importante, la misión de cuestionar con un lenguaje sensible la realidad que nos venden como evidente, pero que no lo es. Otra sociedad es posible, para ello tenemos que aprender a pronunciar el mundo de otra manera.
Todo libro tiene una historia: la del impulso de origen, la aparición de la idea, el mientras tanto del trabajo. Cómo contás la presencia de Proposición…: Es cierto, lo que vos llamás impulso de origen existe, “algo”, una experiencia, una imagen, un sueño…, te provocan ese “algo”, esa sensación que tratás de poner en palabras. La poesía no está en el texto, está en la vida; uno trata, con mayor o menor fortuna, de retener la poesía de la vida en el poema, tarea inalcanzable. En este caso preciso, mientras participaba en el Foro Internacional sobre las Perspectivas Latinoamericanas, organizado en París del 21 al 23 de noviembre de 1990 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y la Organización por la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los discursos de los tecnócratas presentes me provocaron ese “algo”. De manera casi inconsciente comencé a escribir “cosas”. El poema “Interrogación y Proposición” refleja bien esta vivencia.
“¿Quién debe a quién? / […] Si nadie se atreve a contar / Si nadie sabe quién debe a quién […] ¿Por qué no anular las deudas? / La de sangre caliente / y creencias arrasadas / contra millares de moneda verde / estampados a medida ¿Por qué no imaginar una era nueva? […] Una era poética para venerar la tierra / (para pedirle perdón por todo) / Una era poética para venerar el verbo / (para pedirle que vuelva entre nosotros) / Entonces / Hermanos del mundo / aprended a hablar /y a escucharos nuevamente”.
Avisaba el poeta en Proposición… del ‘93: (…) el amarillo madurando / en los viejos antifaces.
En la escritura de José Muchnik siempre se cuestiona las maneras del Capital Financiero y sus consecuencias en la Región: Cien años de libertad y Coca-Cola (1990), Amazonía he visto (1997), SEFIKILL: SErial  FInancial KILLers (2014), Desgarros exilios duelos muros (2018).
Afirma José, el poeta, luego de entregar Proposición… al presidente: Como decíamos “estos versos no sirven para pagar la deuda”, pero sí pueden ayudar a cuestionar “la realidad” y su legitimidad. Ahí reside el espíritu revolucionario de la poesía: remover el lenguaje barniz cuarteado; buscar rostros verdaderos bajo el maquillaje de la superficie, dejar al descubierto las manipulaciones de los poderosos.
Dos hombres estrecharon sus manos, sus palabras de reconstruir las páginas de la poética y la libertad de la Patria Grande.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Jorge Luis Campos: click y misterio


Cómo encuadrar a Jorge Luis Campos, fotógrafo, artista, creador. Cómo componer el desafío de este click palabrero (el sonido de la muerte también se da en la tinta), qué dejo adentro, qué toco de refilón, qué del afuera, con tanta sustanciosa imagen. Será misterio, ideas en el misterio. Foto de charla en un mediodía, en la trastienda de Margot, en Boedo.
Llegar para ser: Soy del 49, y soy de la ciudad. Viví en distintos lugares del país, y dos años en Paraguay, hasta los 21, en que volví a la ciudad. La mudanza coincidió con el inicio de mi trabajo con la fotografía: no podría decir “profesional”, pero sí que pude vivir de ella.
Click de señal para la memoria: Vivía en Francisco Álvarez, camino a Luján. Tendría 10 años. Tengo registro de un padrino, Máximo, compañero de trabajo de mi padre. Era fotógrafo aficionado, tenía su propio laboratorio. Él vivía acá, en el centro. Cuando lo visitaba me mostraba el laboratorio, la ampliadora, en esa época se copiaba analógico. Digo que quizá me quedó alguna pista de ese primer contacto.
Cotidiano quehacer en su prehistoria: Mi primera cámara tenía lente de plástico y sacaba negativos en un formato intermedio. Como no tenía laboratorio, con una linterna hacía copias de contacto, en mi casa. Después todo se fue transformando en una profesión que me llevaría a ser un realizador independiente.
Campos y los encuentros necesarios: Estudié periodismo, empecé medicina, fui otro hasta que tuve acceso directo a la fotografía. Ahí me quedé. Desde los 22 no hice otro trabajo que no fuera en fotografía, y de manera independiente. Entré en contacto con un amigo que se dedicaba a la fotografía comercial. Mi primer laburo fue corretear ópticas para retirar rollos para revelar y copiar, año 71. Empecé a hacer cursos de laboratorio color. Había pocos laboratorios que hacían color, el audaz de mi amigo era uno. No era fácil acceder a esa tecnología. Aprendí a hacer fotografía color, y de eso vivíamos. Íbamos a provincias a hacer trabajos, como el carnaval de Corrientes y vendíamos murales en color hechos de un día para otro. Algo raro en esos días. Acá sólo dos laboratorios trabajaban murales color. Tomábamos nuestras propias fotos y las vendíamos. No dependíamos de terceros. Un rubro eran las exposiciones, en la Rural y en las provincias; trabajábamos con las secretarías de turismo.
Campos y la foto de rotas cadenas: en libertad. Todo un reportaje al camino cotidiano que elige un autor para no vender el alma al diablo: La relación con la fotografía es esencial en mi vida. Fue, en un principio, la manera de sobrevivir en este mundo, después eso fue cambiando, fue la manera de conectarme con el mundo, de interpretarlo, y de empezar a tener una opinión sobre ese mundo. Toda esa evolución como persona la hice a través de las imágenes. A todos los fotógrafos nos pasa lo mismo, al principio dependemos de los trabajos por encargo: venta de lo propio, empresas, publicidad, etc. Luego viene la etapa de ver qué es lo que yo quiero hacer como realizador, como autor; ahí es cuando vas encontrando la forma de alejarte del trabajo que satisface al otro, y pensás en vos, tus ideas: llegar a la fotografía de autor, a la satisfacción por el trabajo realizado. Soy un agradecido. Hago lo que quiero. Y la suerte es parte del camino. Hoy solo acepto un encargo si hay un respeto por la autoría y la propuesta, y si me interesa el tema. Hice un trabajo para Eudeba sobre editores, y resultó bien.
Receta, oficio, obra: Elijo un tema de mi interés. En estos últimos tiempos documenté una comunidad mapuche en Neuquén. Me interesó contar con imágenes la vida en ese lugar: costumbres, relaciones familiares, cultura. Fueron dos años de visitas. Tiene destino de libro. En Barcelona había visto una muestra de Martin Parr, fotógrafo inglés, sobre la vida en dos pueblitos. Me gustó la mirada. Yo vivía en Neuquén ciudad, y me encontré con esta comunidad. Recordé el trabajo de Parr. Pensé en qué lindo sería hacer un trabajo así. Empecé a ir, difícil al principio, la lógica cerrazón frente al intruso, pero ya al segundo año vivía en la comunidad. 19 visitas en 5.000 fotos en 2014/16. Pasó el tiempo de maduración, la idea es ver y que sea libro.
Libros a la espera del click editorial: Tengo varios libros que quiero editar con temas que me interesaron. Quisiera publicar este año el velorio masivo de Kirchner. Lo registré porque estaba pasando algo, desde la política, sí, pero también socialmente en la gente. Cuatro días con la mirada en las personas, en el afuera de la Rosada. Me pareció importante, fui al lugar, y nadie había organizado nada, era gente que fue a llorar la muerte del hombre. Un trabajo que quedó latente. Es algo histórico.
Más sobre Campos en libertad: Mi lógica de autor es andar sin condicionamientos, y ver qué me pasa. Veo que tengo una mirada muy cercana al registro de la realidad, no me atrae crear imágenes por afuera de esa sintonía. La gente en la calle es lo que más me atrae.
Tiempos, calles, las personas: Mi muestra “Malretrato” en Palermo K es lo que vi en las expresiones de la gente en la calle relacionado con lo que pasaba política y económicamente. Vi tristeza, desolación, desamparo, en situaciones que podrían ser en un escenario donde la gente expresara alegría, por ejemplo el 9 de Julio. La gente se expresa a través de la protesta, el pedido o la alegría. 25 de Mayo o 9 de Julio, días festivos, pero la gente estaba triste. Estaba pasando algo, retraté y seguí retratando en otras fechas, y pasaba lo mismo. La tristeza evidente. El retrato no es solo imagen que da identidad, cronología; el hecho fotográfico es un pedacito de tiempo detenido que se traslada al relato histórico.
Autor callejero: Trabajé unos seis años el 24 de Marzo, el tema Derechos Humanos. Buscando contar lo que me pasa a través de los retratos de la gente. Por el 2008 trabajé en “Marchas y Contramarchas” por el tema de la 125, estuve en las dos marchas, la del campo y en la de apoyo al gobierno. Presenté el laburo en dípticos relacionados, algo más sociológico que artístico.
Desde el trabajo consciente Jorge Luis Campos tomó la foto que allá por el 85 abría la señal de transmisión de Canal 9; tomó las fotos para el libro Buenos Aires desde el cielo; tomó las fotos en Salta y Jujuy para Fiestas de la tierra (que espera edición), dos años de trabajo, fiestas conocidas y otras no tanto, y que tiene textos de Héctor Tizón; Campos puede, desde el pensamiento, señalar su admiración por el trabajo de Josef Koudelka sobre la ocupación rusa de Praga en el 68 o por los reportajes de Eugene Smith, pero a la vez sabe del misterio: Trabajo en la serie de Bicicletas. Soy ciclista consumado. Un tema que ya lleva 10 años de quehacer sistemático. Pero un día miré atrás. Alquilo bicicletas en todos los lugares que visito: Egipto, Europa. Supe por el pasado que trabajo la serie Bicicletas desde el 94. Sucede en la cabeza de los artistas, hacemos cosas que están impulsadas por algo que no manejamos de manera consciente, pero que es parte nuestra. Campos, al igual que Homero Manzi, sabe de vivir en el misterio: En lo que fotografiamos hay algo que no se puede analizar, por qué se fotografía algo y no lo que había al lado, por qué uno fragmentó en el rectángulo, eso sucede, es un ida y vuelta entre el objeto, la situación y lo que ocurre dentro de uno; es irracional, no se puede explicar el disparo, no se puede explicar el impulso.
Hasta aquí el recorte de mi escritura para que el fotógrafo Jorge Luis Campos se retrate. Aquí el click, en profundo blanco y negro, de un tiempo/espacio margotiano donde un hombre apasionado trató de contar su oficio, su identidad, sus dudas y suertes.

viernes, 31 de enero de 2020

Asociación de Poetas Argentinos: 30 años


APOA es la escritura de un poema herramienta, un poema sociedad. Una escritura que nace desde el impulso -el murmullo de la tinta, íntima garúa, entre las almas del solitario- hasta ser palabra/ofrenda que se integra a la sociedad.
En el Margot, en una mañana de diciembre, dijo el hacedor de APOA: Cayetano Zemborain: Soy su fundador. En el 89 existía la SADE, la Fundación Argentina para la Poesía; se editaban antologías, pero no había “asociados”. Yo vivía en Quilmes, estudiaba Derecho y escribía poesía. Conocí gente. Podía haberla fundado antes, pero no quise hacerlo en dictadura. Al final fue el 1 de diciembre de 1989, un año paradigmático: la caída del muro de Berlín, la implosión de la nueva Rusia.
Detalles memoriosos: Entre los primeros asociados nombro a María Rosa Lojo, María Rosa Maldonado, Adalberto Polti, Carlos Weisse: que fue muy importante en la Asociación. Santiago Rubinstein -estábamos en El Foro- me dijo que se iba de la Asociación de Abogados, y que fundaba la Sociedad de Derecho Laboral; le anuncié que yo fundaba APOA. Hicimos los trámites y salieron las dos.
Cayetano sigue el impulso, quiere contar la Asociación, pintar, poemar, su paisaje. Los objetivos de APOA: Primero tratar de difundir y promover la poesía argentina y extranjera; nuclear a los poetas; después la impronta de un rol solidario: cuestiones de salud, facilitar la gestión de quien asume la poesía como parte de su vida. Luego se dieron ciertas circunstancias, como nuestro compromiso social: ingresar en las escuelas y colegios con los poetas para llegar hasta los chicos. Fueron muchos años de actividad. Generamos propuestas innovadoras como el Bus de Poesía, que se estacionaba un sábado en la puerta del Teatro San Martín para que ascendiera el pasaje ya inscripto; íbamos a buscar a los poetas designados -esperaban en cafés notables- que pasaban a leer dentro del colectivo escolar que alquilábamos.
¿La idea fue salir a la calle?: Exacto, poesía viva en la calle. Nos acompañó, entre otros: Luis Calvo, que venía haciendo cafés literarios. Así hicimos Poesía en la Calle, la primera presentación fue en la plazoleta Roberto Santoro, desaparecido en 1977. En estos encuentros se acercaban los vecinos, escribían los niños, se leía, se hacía la poesía de cordel; la municipalidad facilitaba el escenario y el sonido.
APOA extiende su poema: En 2005 organizamos nuestro Primer Festival de Poesía. Contó con la presencia de María Teresa Andruetto de Córdoba, Olga Zamboni de Misiones, Carlos Rojas de Santiago del Estero, Jorge Leónidas Escudero de San Juan, y tantos otros. Chiquito Escudero pidió que el coordinador de su entrevista fuera el poeta Leopoldo “Teuco” Castilla, hijo de su amigo Manuel J. Castilla. Teuco se subió al avión y dijo presente.
Educación y poesía: Ideamos las Olimpíadas Colegiales de Poesía. Participan alumnos de todas las provincias, los seleccionados vienen a CABA, y en la Legislatura se realizan las finales, asociadas a talleres para docentes, y lecturas propuestas por los chicos o material que facilita APOA. Llevamos 20 olimpíadas. En agosto de 2020 es la próxima. También hacemos el Festival de la Juntada, que lleva 10 años. Al principio fue nacional, ahora es La Juntada Festival Internacional de la Joven Poesía (hasta 35 años). Gran cantidad de poetas pasan por Buenos Aires, de las provincias, la región y el mundo. Se acude a las cárceles, a lugares de salud mental, a las escuelas, a los bares, a la ESMA; se hace base en la Manzana de las Luces y en la Legislatura porteña. APOA tiene su café literario: cada segundo miércoles, en Rodríguez Peña y Lavalle: en el Bar Lavalle dieron charlas varios poetas: Marcos Silber, Rubén Derlis, Eugenio Mandrini, Vicente Zito Lema, Rafael Vásquez. Ahora queremos convocar a los poetas de los pueblos originarios. APOA tiene un archivo de voces impresionante, una notable hemeroteca de poesía, y una biblioteca importante. Estamos buscando un lugar físico para poner todo este material a disposición del público e investigadores.
Asociar desde el impulso, sumar, acompañar, abrazar: Impulsamos algunas leyes, también acompañamos la ley de preservación del bandoneón argentino. Acompañamos a la SEA (Sociedad de Escritores Argentinos) -a la que ayudamos a fundar- y se consiguió el reconocimiento a la labor del escritor, un aporte mensual para aquellos residentes en Buenos Aires que acrediten haber publicado 5 libros. En 2009 consideramos que debíamos juntarnos con otras entidades para dejar más a la vista la Cultura y sus manifestaciones. Fue así como nació Facra (Federación del Arte y la Cultura de la República Argentina). Así como Facra tiene su propuesta Curar por el Arte, desde hace años, APOA está en el Moyano. Miércoles por medio se visita a las internas. Van los poetas a compartir el momento, a brindar talleres, tomar mate, y generar poesía entre todos. Allí instalamos la biblioteca María Meleck Vivanco que coordina Daniel Grad, otra de las personas importantes de APOA.
Afirma Cayetano Zemborain: APOA es una Asociación humanista, que se compromete con la persona del poeta y sus necesidades. Y destaca a personas fundamentales en la vida de APOA: Juana Moyano, Silvia Pastrana, Carolina Rodríguez, Luis Ferrero, Beatriz Allocati, Esther Pagano, Mabel Kril, Nora Quiroga, Dora Roldán.
Festejo en diciembre: Llevamos convocadas 23 cenas de los poetas; el 7 de diciembre, en la última, festejamos los 30 años. Hubo plaquetas para Lojo, Maldonado, Weisse, Polti, Julio Bepré, Marcelo Actis, Adolfo Ponti, un recuerdo como miembros fundadores.
Poesía en papel y poesía oral, sintonías de APOA: Todas las actividades nos fueron marcando. Llegamos hasta la revista de poesía: “La Guillotina”, lleva casi 30 años de vida; nació en una reunión de comisión en La Giralda. Actis y Weisse apoyaron el nombre fuerte. Salió como revista/libro, después fue tabloide, y luego retomamos el primer formato. El formato libro se guarda más que un periódico. Hicimos también una revista oral. Íbamos a un estudio: lectura de poemas, entrevista, ensayo. Se llamó “La Gotera”, título de un poema del querido Máximo Simpson. El primer soporte fue el casete, después cd, una hora de poesía que presentaba Luis Colombini. Recuerdo que invitamos al poeta correntino Coco Madariaga. Pensamos reeditarla, claro que habrá que ver el soporte tecnológico.
Asombra la larga vida de La Guillotina: Si uno mantiene las entidades, las cosas persisten, los grupos muchas veces se disuelven; la Asociación guarda una memoria precisa de las intenciones y logros. Consulto sobre el sostén económico: Nos mantenemos con la cuota del socio, que hoy es de 150 pesos, que no alcanza, y entonces se completa con lo propio.
Cayetano Zemborain habla de APOA, del valor del apoyo solidario al poeta, destaca poetas, la palabra del otro, la necesidad de la real existencia del otro, pero nada dice de su quehacer de escritura. Solo a propuesta del cronista, habló en primera persona: Soy poeta –“Extrañas noticias” y “El reloj manuscrito”- y ensayista. Estoy trabajando en un ensayo donde reúno los distintos lenguajes (teatro, pintura, matemática) que aparecen en la poesía. En “La insensible poesía” trabajo los distintos sentidos, digo que la poesía termina siendo visual y auditiva, y que se pierden ciertos sentidos aún no constituidos (gusto, olfato, tacto); creo también que casi toda la poesía tiende a lo narrativo, siempre hay algo que se está contando. Zemborain conduce el programa radial El búho de Balvanera y es presidente de Facra.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Chau, Viejo

Rolando Lois por Alejandro Lois.

Mi viejo, Rolando Lois, desde hace un puñado de días, vive su muerte en el Boedo del más allá. Una vez me dijo: Me hice hombre en Boedo. Escribo esta memoria desde su barrio, el mío.
Mi viejo me contó de su vida como pibe que jugó billarda sobre Independencia, entre Castro Barros y Colombres, allá por los ´40, cuando el colectivo 26 o 56 utilizaba las vías del tranvía 76. Corrían los días de la Segunda Guerra Mundial y no había caucho para ruedas bondineras. También contó de cuando fue más grande, y festejó sus 18 con amigos (el Tigre Millán, los hermanos Vivas, Juan Salvini, Ernesto Bruguera, Osvaldo Garboza) en el boliche conocido como El Derrumbe, y que después hizo noche de muchacho en el Arco Iris, donde era común que estallaran los vidrios de las ventanas gracias a vuelos descontrolados de gruesos vasos de cerveza.
Siempre trabajé los recuerdos de mi viejo con la escritura. Varias notas aparecieron en Desde Boedo. Contaba a mi viejo, y con él al Boedo, al Buenos Aires de ayer. Escuchar, grabar los sucedidos en distintos momentos de su vida, luego darles forma de una nota para el periódico, o moldearlos con otras apariencias, por ejemplo: una crónica del desalojo de la familia, cuando Rolando tenía unos 10 años, y fue testigo de la resistencia al sistema de papá Julio Martín; o la de un simulacro de novela, una larga confesión de vida que une algunos de nuestros recuerdos en la memoria de un personaje único, trabajada entre 2011 y 2013, y que lleva por título: Sombra y garúa. Quehacer del oficio que constituyó una de las sintonías o de los puentes tendidos entre nosotros. Pensé a veces, a lo largo de los años, mientras mi viejo se hacía más viejo, que entre mis manos guardaba una carta decisiva, una parada fuerte de esquina, para cuando llegara el momento de su partida. Está hecho el trabajo de cronista. Estas líneas son prueba. Sin embargo, mientras escribo y pienso en él, no encuentro entre mis almas más que tristeza y dolor.
La noticia (óleo)
Descubro hoy la extrañeza que significa andar por este mundo sin padre, sin el padre que tuve, y ello dicho por encima de nuestras diferencias, porque las hubo. Descarté a consciencia maneras que no me gustaban para mi vida, mientras trato de soltar otras, las que viajan enraizadas desde toda construcción. Mucho tomé de él como feliz modelo. Tuve a la vista, desde el inicio de mis ojos de pibe, al hombre que definiéndose trabajador en la vida y en el arte, sabía que se debía, ante todo, a una postura ética, a una defensa de su identidad. Mi viejo como eterno habitante de su barrio, la ciudad. Un trabajador, pintor de brocha gorda para parar la olla, y pintor de finos pinceles que abrevaban sobre una paleta al óleo en gamas bajas. Mantuvo su decisión: el artista plástico existía después del pintor de obra, para no descuidar a la familia. Nada faltó en casa del obrero. Nunca arrió sus verdades artísticas. Nunca pagó favores a su pintura. Rechazó premios regalados. Jamás bastardeó su quehacer como artista. Fue artista pintor en su trabajo individual, y fue artista pintor asumiendo puestos directivos en la Asociación Estímulo de Bellas Artes y en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP). Aprendí señales que desde su pintura pasaron a la escritura de mi vida.
Durante los primeros días de internación, pudimos arreglar algunas diferencias, y entonces se dio la oportunidad de decirle lo agradecido que estaba por tenerlo como padre, que guardaba feliz memoria de mi padre. No dijo nada. Sé que le gustó escucharlo. Recordé además aquellos viajes iniciáticos, para el pibe que fui, desde el Martín Coronado de infancia a la Capital, a visitar amigos, lugares históricos, y recorrer exposiciones de arte en las galerías. Fui feliz en esas expediciones. Y le conté el primer recorrido de Julia, mi hija, su nieta de siete años y pico, junto a papá por una Buenos Aires que no dejó de sorprenderla. Caminar junto a Julia por la gran ciudad fue volver a caminar junto a él. Regalos para la memoria, como cuando mi viejo me llevaba a la cancha. Eran estadios cercanos a casa, y partidos entre equipos chicos. Supe así de la maravilla que era ir a ver fútbol, y conocí el sabor eterno que tendría el pancho del entretiempo. Así de numerosas las sintonías del arte que ofrendó mi viejo.
Foto: Mauricio Echegaray
Fui testigo de su último sufrimiento. Una semana que se hizo eterna herida. Fui testigo también de la fortaleza, el valor, de mi hermano Alejandro, de la tristeza de Adela, mi vieja. Cuando a esta historia le faltaba el final cantado, en la noche del desierto, viendo el sinsentido de la pelea contra la neumonía vencedora, recordé a mi amiga: la poeta de la ciudad/río de Gualeguay: Tuky Carboni. Leyendo su poesía había sentido la presencia de su Dios. El Dios de Tuky se abraza a la palabra de la naturaleza, al tiempo, los sueños, la calma, la comprensión. La poeta me incluye en sus oraciones a ese Dios: pide para que mejore mi vida en estos tiempos confusos. En la madrugada pensé varias veces el pedido que a la mañana siguiente iba a hacer a Tuky: Pedile a tu Dios que se ocupe de la partida de mi viejo, el ateo, como ateo es su hijo. Escribí en otra página: Vi a padre / el ateo / ser crucificado / durante una semana: / una pierna sobre otra / brazos a los lados / calzoncillo blanco / la cabeza volcada a la izquierda / sobre almohadoncito / que hizo madre / para confort en cada diálisis. // Vi a padre / el ateo / ser crucificado / sobre la última cama / la del dolor / la vez que se llegó / hasta la humana tierra.
Esa misma noche pensé en sus amigos muertos. Murmuré al oído de mi viejo los nombres que fueron apareciendo: Juan Carlos De Mare, Néstor Berllés, Eolo Pons, Rodolfo Medina, Héctor Tessarolo, Salvador Linares, Luis Dottori, Juan José Cartasso. Corté la enumeración y les pedí que se llevaran a mi viejo. Lo mismo hice con sus padres, mis abuelos, porque mi viejo había sido el bebé de Ángela y Julio.
Todo ayudó para su partida. Se dio de dos maneras diferentes durante el 13 de noviembre. Su respiración cambió entre las 3.30 hs. y casi las 7 de la mañana. Fue un tiempo en tranquilidad. Tomaba sus manos, acariciaba su pelo. Cambiábamos miradas, los dos sabíamos. Cerca de las 7 me di cuenta de que mi viejo respiraba, pero ya se había ido. A las 4.30 de la tarde, también en tranquilidad, su corazón dijo basta. Tiempo de silencio, beso en la frente y llanto.
Mi vieja me contó que el último día, antes de salir para un nuevo turno de diálisis, mi viejo le dio pista del sueño de la noche anterior: estaba en un asado grande, todo un festejo. Dijo mi viejo que estaban los amigos y los familiares muertos. Dijo que él era el único vivo.
Junto a su colección de pinceles de artistas (donada a SAAP)
En Sombra y Garúa escribí: Una sola tira de asado marchaba con lentitud sobre la parrillita móvil que tengo en la terracita. Y como siempre me ocurrió a lo largo de los años, se hizo presente el exceso. Para qué tanto fuego, podría haber preguntado el Tigre Millán, lo mismo Ramón, el paraguayo, Berllés o De Mare, el “pintore ingenuo”, pero ninguno dijo nada. Se dedicaban a mirarme y guardar silencio. El asadito tuvo lugar a fines de octubre… Asado a finales de octubre o principios de noviembre.
Pienso en los amigos, otra de sus artes bellas. Pienso en los avisos del espíritu, en los avisos de la carne, y también pienso en las señales -pura sintonía poética- que irradia el más allá de los humanos, las criaturas que disfrutan la maravilla de la vida sabiendo que todo llega.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Liliana Moreno: Pan y Arte


El telón se abre sobre Boedo 876. En el silencio de la sala chica del teatro Pan y Arte Liliana Moreno, su creadora, hace contacto con el afuera, se cuenta para su barrio. Queda a la vista una historia de vida, una manera de sostener la mirada.
El origen: Soy nacida en Mendoza, en un departamento del norte, cercano a San Juan. Tierra de calores fuertes y viñas. Crecí en una viña, soy del campo. Aunque estudiaba en la ciudad, me considero una persona de campo, por las costumbres, por mi forma de ser, porque ese fue mi paisaje, y el paisaje de afuera también es el paisaje interno.
Un encuentro fundacional: Descubrí el teatro en la escuela secundaria. Fue muy fuerte. Me veía personificando a un ser con el que no había tenido contacto, un ser o la referencia de un personaje de tal o cual manera. La profesora me dijo que tenía que hacer teatro. Me interesaba por la psicología, pero decidí estudiar Artes Escénicas.
La poética del destino en el mientras tanto de un paisaje que se renueva: Me casé, tuve hijos; mientras hacía teatro trabajaba, en fin, las cosas de la vida. En un determinado momento viaja a Mendoza Carlos Gandolfo. Yo integraba el elenco de la universidad. Me elige para ser una de las “Tres hermanas” de Chejov. Quedé flechada con su trabajo. Por falta de presupuesto el proyecto no se hizo. Quedé loca. Quería estar en Buenos Aires para saber de qué se trataba esa forma de actuación. Una vez acá, llegué en el 84, estudio con Agustín Alezzo, con Augusto Fernándes, tengo una formación importante. Ellos se forman con Hedy Crilla y le dan forma a la nueva actuación con técnicas de Strasberg, Stanislavski, que tan bien nos define como actores. Compramos con mi marido una casa cercana a los terrenos que fueran de San Lorenzo. Empezamos con un proyecto que era: Una empanada para el teatro. La casa funcionó como teatro, además con mi hijo vendíamos empanadas por la calle. En la casa se daba teatro, clases, dábamos de comer al público; me limpiaba la harina de las manos y daba clases.
Una vuelta de tuerca sobre el origen de Liliana Moreno: Un día le dije a mi compañero: Yo quiero un lugar sobre Boedo. El hecho de haber llegado a este lugar es algo mágico. Nunca tuvimos un capital financiero. Hipoteca a cinco años. Yo digo que a veces los lugares están signados, uno los elige, pero los lugares también te eligen. Siempre digo que Boedo se apiada de mí como mendocina que soy; me dice: No, quedate acá que el cielo está más cerca; porque yo no veía el cielo en Buenos Aires con tanto edificio, y en Boedo se ve, porque hay “algo” en la permanencia de las casas bajas. Es un barrio con una identidad auténtica, fuerte; estoy impregnada de esa identidad, y realmente es mi casa, las callecitas son mías, el barrio es mío, el cielo de Boedo, el tango. Empezás a enamorarte, a quedarte en el lugar.
En Mendoza y Buenos Aires la misma pertenencia: Como mujer mendocina de campo, soy muy trabajadora, sé que importa la labor, soy una obrera que cambia un tacho en la casa y amasa el pan. He generado este espacio desde ese lugar. Soy hija del teatro independiente. La única manera que había en Mendoza. Estudié en la Universidad de Cuyo. Tuve la suerte de tener un director que fue a buscar estudiantes a las villas. Vengo de los 70. Tuve todos los gobiernos: Lanusse, Cámpora, Perón, Isabelita, Videla. Todo eso mientras estudiaba. Pero tuve la gracia, la suerte, de transitar un estudio con técnicas de Paulo Freire, fui de la escuela con formaciones estrictas hasta pertenecer al alumnado que se ubicaba en rondas, y donde el alumno podía decir lo que pensaba; Fui parte de puestas de teatro en las villas. Se generó en mí una consciencia de trabajo artístico que, cuando llego a Buenos Aires, sintió un impacto al ver el teatro de producción. Después me encontré con la gente que hacía teatro independiente. Hago teatro desde ese lugar y acá estoy.
Una pequeña gran historia de Pan y Arte: En 2020 cumplimos 20 años. Fue duro el comienzo en Boedo. Sobreviví. El teatro funcionó primero abajo, donde ahora es el restaurante. Me divorcié en 2003 y quedé sin ingresos. Este espacio me quedó, era mi vivienda. Desarmé el escenario, y empecé a dar de comer a la gente que venía a una clase de tango que daban unos amigos. Durante la gestión de Ibarra, yo estaba con la habilitación de club de barrio, y me llega la posibilidad de habilitar la sala que ya no tenía. Pregunté si la podía hacer en mi casa. Se podía. Mi hijo me ayuda a tirar paredes y empieza la sala. Restaurante abajo. Después mi hijo unió las dos terrazas, hizo unas gradas, y fue primero teatro al aire libre. Luego hicimos el tinglado, y hoy es una sala muy codiciada porque tiene un espacio escénico interesante.
Pan y Arte, dos sintonías, el mismo sueño, una misma manera de andar sobre el escenario: Es una especie de isla. Voy generando cosas. Salgo poco. El restaurante es como el productor artístico del teatro, porque es complicado que por sí mismo genere dinero. Una empanada para el teatro.
Hoy en Pan y Arte: En este momento trabajo en una obra de Griselda Gambaro: “Es necesario entender un poco. Los desdichados no se reconocen”, muy de estos tiempos, porque uno a veces se encuentra con gente y se dice: pero si está padeciendo, por qué no nos reconocemos, si somos iguales. Es el viaje iniciático de un muchacho que va a la vida y le pasan muchas cosas duras, difíciles, se encuentra con la locura, la miseria, la muerte, el egoísmo, y vuelve al árbol que lo vio caer. Soy la madre, las escenas con ella funcionan como  prólogo y epílogo.
Una mirada esperanzadora en los tiempos del destructivismo: Creo en los sueños. Es lo único que nos sostiene con cierta vitalidad; estar presente, estar vivo, es soñar. Me siento viva y que pertenezco mientras estoy actuando. Esa soy. Es lo que más me representa y mantiene con oxígeno en estos tiempos. Por supuesto que sería bueno que el teatro nos diera para vivir, y no tuviera que hacer empanadas. Pan y Arte recibe todos los subsidios posibles, pero es duro pagar las boletas de luz, gas, agua, alguien que limpie; apenas sostenemos el lugar. Y lo sostenemos porque pienso, con un poco más de esperanza después del 10 de diciembre, que podemos tener otro aire, porque es muy difícil. Al menos voy a sentir que la gente que nos gobierna no es mi enemigo, sino un aliado en el dolor y en lo que nos pasa. A esta gente que nos está gobernando no le hemos importado absolutamente nada. Tengo problemas financieros con el restaurante, que es mío, igual el teatro, no pago alquiler, tengo todos los empleados en orden, y es casi imposible. Ahora tengo recicladas las energías por las elecciones. Creo que siempre hay una hendija por donde encontrar la luz. Hay que seguir los sueños, no hay que declinar, porque nos hacen estas cosas para que precisamente dejemos de soñar, para recluirnos y enloquecernos; la gente estaba triste, mucha hostilidad. Son tiempos para trabajar en el barrio, para que la gente del barrio conozca lo que se hace en él; hay que estar mucho más en la calle, por eso existe el teatro sobre Boedo, tenemos luces en Boedo.
En Pan y Arte de Liliana Moreno las entradas al teatro son de precio accesible (público 300 / jubilados 250 pesos). La obra de Gambaro va los viernes a las 21 hs. El teatro de Boedo necesita del apoyo del vecino.
En la memoria de este cronista de barrio se guarda la emoción de escuchar la palabra, y contemplar la expresión de Liliana Moreno, la hacedora, una romántica.