Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

viernes, 27 de julio de 2012

Una historia para Julia (XII)


Te digo la verdad: desde que entraste a casa te espío por un motivo especial. Así fue que un día te descubrí o, por qué no, imaginé que lo hacía, o mejor, quise imaginar, la manera en que empezabas a interesarte por tu lugar, tu casa, nuestro departamento de San Cristóbal. Aquella vez, tendrías unos veinte días, mirabas hacia la biblioteca que está en el dormitorio: en ella tus ojos: ventanas abiertas sobre la presencia en madera oscura. Hoy estás a días de cumplir tres meses y tu mirada escrutadora desarmó mis ansiosas imaginaciones. No hay duda. Mirás intrigada sobre las bibliotecas de la casa: estantes con libros de colores y tamaños diversos, y también encontrás colores en los cuadros que cuelgan en los ambientes. Verte así me lleva hasta un puñado de palabras, un pensamiento, que conté muchas veces: mi agradecimiento a mis padres porque en la casa de Martín Coronado existiera a mi nacimiento una biblioteca, porque entendí a lo largo de los años que ella era una de las mejores herencias.
Hoy vuelvo a encontrarme en tu encuentro. Me gustó crecer rodeado de historias, de libros, de personas que sabían del sabor que tenía la lectura. Ojalá que vos tengas ganas de conocer las historias de la gente. Las vas a encontrar en la vida, en la calle, y en los libros, como los que cubren las paredes de tu hogar de pibita. Siempre me gustó volver a mi lugar, siempre quise mis departamentos alquilados porque los hice míos, porque en ellos supe de historias, de libros, de música y pintura. En ellos: los colores de la memoria.

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