Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

jueves, 2 de agosto de 2012

Una historia para Julia (XIII)

Una pintura enmarcada es ventana que se abre sobre tu curiosidad. Tu mirada, tu atención, día a día sube escalones buscando una mayor claridad. Llegaste a estar varios minutos atendiendo al colorido Vibroperro de Gustavo Roldán (h.) que cuelga en el dormitorio. En varios lugares del departamento, y debido a su movilidad, te quedaste en silencio con tus ojos fijos sobre la paleta que usó para pintar uno de sus cuadros el amigo grabador y pintor Juan José Cartasso. Hace un tiempo le pedí la paleta por considerarla parte integrante de su arte. Como Cartasso utiliza una por cuadro, me la obsequió. Nunca imaginó, nunca imaginamos que los colores secos, el después de la labor, se iban a quedar en tus ojos de pibita recién amanecida. Pero, Julia, lo más curioso de tu iniciación al arte, es que te llame la atención, y de forma reiterada, uno de los cuadros grandes del abuelo Rolando, mi papá. Sería entendible que el otro óleo, más claro, más colorido, fuera el que convocara tu curiosidad, o todavía más entendible sería que te convocaran los acrílicos que tienen mayor luminosidad. Tenemos en casa los acrílicos donde el abuelo pintó los tres cafés donde escribí muchos de mis libros: el México, el Margot, el  Cao, y también hay uno que recuerda a mi abuelo Julio, el papá de Rolando, y a uno de nuestros perros hermanos: Garúa. Sin embargo, vos relojeás uno de los óleos más oscuros que ha pintado el abuelo Rolando. Mirás la noche, la vieja casa de madera, el árbol, la luz mínima que sale del pozo del agua. Hay una amenaza en la pintura, es el color que acecha. El cuadro tiene treinta años, el abuelo lo pintó para mí cuando yo era un muchacho. Iba a su atelier y le leía partes de El color que cayó del cielo de H. P. Lovecraft. La historia me tenía atrapado y el abuelo me regaló su mirada. Cuando vos te quedás mirando la oscuridad, un colorcito tibio se mueve en la buena memoria del tiempo, una feliz manera de enfrentar las sombras.

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