Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Una historia para Julia (XLVII)


La primera vez que cruzamos narices, vos estabas en el corralito. Me arrodillé, te miré por entre los agujeritos del tejido de protección, y avancé. Me copiaste. Avanzaste y embocaste tu nariz en un agujero. Yo retiré la mía, y busqué el roce con tu nariz, que había salido al patio. Cada vez que enseñabas la nariz al exterior, yo me arrodillaba y repetía el juego. Mirabas sorprendida. Sucedió pocas veces. Después busqué, esporádicamente, el roce de nuestras narices. Te hablé de hacer naricitas, me acerqué y toque tu nariz con la mía. Hasta aquí la historia de este juego. Pero hace una semana se agregó algo más. Te pregunté, sin pensarlo, como tantas cosas que decimos con mamá Evangelina sobre vos, haciendo juegos de palabras, pronunciando las pavadas más simples: Julia, ¿hacemos naricitas?, y entonces la sorpresa. Estabas sentada en la cama grande. Me miraste y en un segundo adelantaste la cara, es decir, tu naricita. Mi nariz llegó a la tuya y al mimo. Te sonreías. Tu cabeza fue para atrás, y luego volvió a avanzar: al frente tu ñata. Ahora, para que sea fiesta, no tengo más que preguntarte. Las palabras y sus significados ya empezaron a hacer sus magias.

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