Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

miércoles, 29 de enero de 2014

Una historia para Julia (LVI)


En tardes de calor, cuando el sol va marchando hacia el bolsillo de la noche, vos y mamá Evangelina se preparan en el patio. Vos con la regadera que te trajo la abuela Adela mientras mamá dispone su juego de mangueras para cubrir todas las distancias del jardín. Nace el riego. Te encanta. Te vas empapando de a poco, pero guardás para el final tu cabeza. En el extremo de la manguera más larga se aferra la figura del sapito de plástico azul: el fabricante de lluvia. Ves la flor de agua hacerse lugar en el aire, y enseguida te gobierna la mirada pícara. Primero caminás, después corrés en círculos, entrás en órbita sapital, y empezás con la risa el desafío de los acercamientos y retrocesos. Pura diversión mientras tus círculos se van cerrando para que te encuentres casi cara a cara con la garganta fina del volcán. La risa deriva en grititos muy agudos. Así el festejo del agua amiga entre las plantas de mamá, sobre el pasto, entre los árboles de naranja, el laurel, los rosales, entre los momentos donde nace la felicidad y se moja tu cabeza.

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