Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

jueves, 13 de marzo de 2014

Una historia para Julia 62


Sobre el techo de la casa en la que vivimos, se levanta una gran torre de metal que sostiene, a gran altura, un vestigio de otra época: dos viejas antenas de televisión. Empezaste a registrar la presencia de a poco, y con más decisión cuando viste que algunos pipi detenían el vuelo sobre el armatoste. Con pipi o sin pipi, comenzaste a pedirme que te hiciera upa para estar más cerca de las antenas que llegan casi hasta el cielo. Disfrutás el juego, la mirada te vende. Y yo feliz, nunca me sentí más útil. Te alcé muchas veces, cuando hay sol busco el reparo del alero de la galería para que puedas mirar con la misma comodidad que cuando lo hacés desde el llano. Menuda sorpresa, Julia querida, me llevé cuando te descubrí parada cerca de la hamaca, casi pisando el jardín, y con la muñeca Kitty, que tanto querés y que te regaló la abuela Adela, alzada apenas sobre tu cabeza. No podía creerlo. La antena y papá eran una sola pieza. Ahí estabas, compartiendo tu juego con la muñeca. Compartir, hija, es una palabra sintonía de vida: hay que tenerla siempre en la punta de la lengua de cada idea.

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