Pensamiento uno

Desde que descubrí el camino hacia la luz, no paro de rebotar contra la lámpara.















A orillas del Gualeguay

A orillas del Gualeguay
Foto: Julio Montana

Pensamiento dos

A tener en cuenta: la felicidad es un arte efímero.

viernes, 13 de julio de 2007

Vampiros en la mitología de la tristeza o Del exilio dentro de la misma casa (Tango novelado)


Publicado por Papeles de Boedo (2002)

Contratapa

El fuego y los relatos nacieron simultáneamente. ¿Cómo forjar una historia sobre los orígenes del mundo sino con la cara iluminada por el resplandor de la fogata primera que ahuyentó a las fieras y, en la fría noche, les dio calor a los hombres?
Seguramente por eso, en este tango novelado de Edgardo Lois –que redoblando la apuesta del mito no narra sólo el origen de un mundo, sino del mito mismo– uno de los personajes clave lleva en su nombre el eco del fuego primordial disfrazado de modestia tanguera. Primus. Hugo Primus, se llama. Y en su apellido confluyen la nobleza solemne del latín (primus: el primero, el fundador) y la humilde llamita del calentador a querosén, del mítico Primus cuyo fuego forjó historias de tango y, en la pieza del conventillo, ahuyentó al fantasma del frío y la pobreza.
También el narrador de historias tiene un nombre emparentado con el fuego. Se llama Luis Lacre y su apellido evoca el antiguo sello que garantizaba con su mancha de sangre que los mensajes que llegaran sólo fueran leídos por su auténtico destinatario.
Juan Bara, el tercero de los personajes que completa la coreografía de este tango, no lleva en su nombre la marca del fuego primordial. Pero su exilio en una esquina de la ciudad es no sólo una herencia familiar –su propio abuelo se había exiliado en la piecita del fondo– sino también la herencia del nomadismo del hombre primitivo, que no conociendo aún la generosidad de la tierra, se dedicaba a caminar persiguiendo las estrellas.
Nos encontramos pues, ante una cosmogonía engendrada por tres demiurgos chiquitos y esmirriados, por tres personajes porteños que protagonizan una divina trinidad lunfarda.
Para cumplir con su ígnea tarea de forjadores, sin embargo, Lacre y Primus no requieren de encendidos parlamentos públicos. Su ámbito natural es la sociedad secreta. Esta sociedad secreta recuerda la que formaron ciertos oscuros personajes de Roberto Arlt. Y también evoca el particular Club de los suicidas, de Robert Louis Stevenson. ¿Qué otra forma más cabal puede existir para sabotear un orden instituido que la conspiración?

Mónica López Ocón

(capítulo)

Cuatro
Juan Bara pasa la mayor parte del día solo, esperando. Es en el esperar de cada día que se vienen los recuerdos. Pero a veces, de tantas ganas de escuchar una historia y ante la ausencia de portador, echa mano a sus recuerdos. Como una persona más, cambia y recambia partes, cambia desenlaces mientras en algún lugar de la memoria guarda una aproximación a lo que fue el original. Juan Bara es asaltado por el recuerdo y es él mismo, quien a veces, llama al recuerdo. Como una persona más, Bara, sabe de señales. El frío, solo o con lluvia, lo arrastra por años hasta llegar a Campo de Mayo. El frío, solo o con lluvia, presente en la esquina mientras busca una posición entre el abrigo con el que cuenta, lo lleva a Campo de Mayo.
Juan Bara recuerda porque alguna vez lo hicieron soldado. Un puñado de sensaciones se mezclan o se hacen imágenes a partir del conjuro escuchado a puro grito o parlante. Juan Bara escuchó una vez más, Subordinación y valor, y una vez más se encontró moviendo los labios, acallando su grito, Para defender a la patria. Pero, ¿qué es la patria, Juan?, se preguntó una noche de frío. Para defender a la patria hace falta una patria, ¿qué es una patria, Juan?
Juan Bara dijo que quizás una patria es el lugar donde un grupo de personas se hace dueño de los destinos de los demás. Una patria puede ser insultar, pegar con un palo. Una patria también podría ser el lugar elegido por un soldado conscripto, la puerta del polvorín de la patria, para suicidarse porque ya no aguanta que lo insulten, que le peguen con un palo. Una patria puede ser la hora de la borrachera de tanto milico muriendo en la siesta de todos los días. Una patria puede ser el lugar donde recibir a las putas de la ruta, los hacedores de patrias acabando en despatriadas de la noche.
Juan Bara recuerda Campo de Mayo porque lo invitaron gentilmente a defender a la patria. Estaba la bandera, la escarapela, el himno por los parlantes y la subordinación y valor como parte de la armadura celeste y blanca que todo lo abraza y esconde.
Juan Bara recuerda Campo de Mayo cada vez que se acomoda sobre las baldosas de la esquina. Recuerda cuando dormía al sereno en algún descampado de Mayo porque esa noche, él y algunos ciudadanos más, estaban cuidando a la patria.
Haciendo otros movimientos, otras acciones, Juan Bara termina en otros lugares. Por ejemplo, cuando se mira las manos y descubre su respirar íntimo, su propio olor, no recuerda Campo de Mayo.
Pero cuando se acuesta en la esquina, cuando hace frío, cuando sólo está debajo de un poco de árbol y cielo, Juan Bara recuerda aquella vez que lo llamaron soldado.
Alguna vez se dijo, Para defender a la patria, una patria bien podría ser el lugar que permite a un hombre seguir siendo hombre, no animal, hombre que forma una familia, hombre que cuida una familia, una patria se hace con techo y comida. Así se dijo Juan Bara, aullando recuerdos en una esquina de San Telmo.